martes, 14 de marzo de 2017

LA MISA QUE MOLESTA AL SEÑOR... IGLESIAS

No, señor Iglesias (por cierto, debería pensar en cambiar de apellido). Que la televisión pública española emita misas en directo los domingos, esas que tanto les molesta, no es una trasnochada peculiaridad debida a una triste herencia "nacionalcatólica" de un oprobioso franquismo todavía latente, ni muchísimo menos. Es más: en países de "nuestro entorno", en el mismísimo corazón de Europa, incluida la muy laica República de Francia, cadenas sufragadas con dinero público dedican sus espacios a retransmisiones de misas dominicales y programas sobre religión. En su mayor parte sobre la cristiana, como por otra parte corresponde a la tradición occidental que es base de la historia y construcción europeas.

Aun así, cabe hacer constar que, en el caso de nuestra televisión pública, al igual que en otras canales europeos, y dado, en efecto, el carácter aconfesional (que no laico) de nuestro Estado, también tienen su lugar en la programación de TVE las confesiones evangélica ("Culto evangélico"), islámica ("Medina") y judía ("Shalom"), en virtud de sendos convenios firmados en su momento por España. ¿Es partidario el señor Iglesias (con perdón) de suprimir también estos otros espacios religiosos? Exceptuando el dedicado al Islam, claro, contra el que ningún progre más o menos "ultra" se atreverá jamás: bien por compartir antipatías anticristianas, bien pura y simplemente por cobardía, bien por ambas razones a la vez. Por cierto: la misma pregunta cabría hacerle también al señor Rivera, don Albert; sí, sí, a ese mismo Rivera que ha sido presentado por cierta derecha "sin complejos" como la nueva "esperanza blanca", y que sin embargo ha tenido a bien apuntarse al último alarde podemita, que considera digno de ser debatido. Luego que culpe al sistema electoral de su pérdida de votos.

Afortunadamente, el intento del señor Iglesias (mala suerte de apellido) por resucitar un anticlericalismo característico de la izquierda más rancia e intolerante, por volver a la violenta algarada del "arderéis como en el 36", se ha topado una vez más con esa mayoría silenciosa que ha reaccionado ante esta nueva ofensa hacia los sentimientos religiosos como ella bien sabe: con serenidad y sin estridencias, pero con absoluta determinación. Así, hasta lograr triplicar la audiencia media de la misa de La 2. A esto sí se le puede llamar "resistencia pacífica", ¿verdad, señor Iglesias (lástima de apellido)? Pues a tomar buena nota.