viernes, 24 de febrero de 2017

ES JUSTICIA, NO JUSTICIERISMO


Estos días se está juzgando y sentenciando donde en último término corresponde, esto es, en los Tribunales de Justicia, los excesos de una época (caso Nóos, tarjetas "black", etc.) en la que, al calor de una prosperidad económica que se tenía generalmente por consolidada y hasta eterna, todo parecía estar permitido. Al menos, para aquellos que no se detenían en escrúpulos morales bajo un clima, cabe recordarlo, de permisividad, que solo cambió cuando llegaron las privaciones y sacrificios de una crisis económica que, no solo el Gobierno de entonces, sino casi nadie en España quería entonces ver. En realidad, y concretamente en cuanto a la tan esperada sentencia del caso Nóos, todo ha sido muy previsible: tanto el mismo fallo del tribunal, emitido por unanimidad de las tres magistradas, como la inmediata reacción de los inevitables partidarios del populismo justiciero, que, jueces vocacionales, han procedido como auténticos expertos juristas. Porque nadie como un tertuliano televisivo o un "tuitero" es capaz de sentar cátedra sobre cualquier disciplina o materia, ya sea Humanidades o Ciencias Exactas, ya sea Medicina, Urbanismo, Economía, Criminología o, por supuesto, Derecho.

Desde luego, no se trata de someter a discusión el derecho a la libertad de expresión y, por supuesto, incluso a debatir sobre materias que desconocemos (que sea "enriquecedor" o no ya es harina de otro costal). Ahora bien, uno ha echado en falta argumentos de naturaleza jurídica que pusieran mínimamente en solfa la sentencia (unánime, cabe insistir) de las tres magistradas de la Audiencia de Palma, sostenida, como es preceptivo, bajo antecedentes de hecho y fundamentos de Derecho. Es la mejor manera de demostrar que las jueces hayan podido equivocarse, como, en efecto, humanas que son. Porque, y debería quedar meridianamente claro, el imperio de la ley no rige bajo preceptos de consideraciones o ánimos justicieros o incluso vengativos, o de lo que cada cual crea que el "pueblo" dictamine lo que ha de ser justo (algo así como los "tribunales populares"), sino del sometimiento y aplicación de las leyes vigentes. Es, ni más ni menos, la diferencia entre Justicia y justicierismo.

Eso sí: con lo que en ningún caso se ha de comulgar es con el discurso tan facilón (y por ello, característicamente populista) de que sentencias como esta serían la demostración de que el "sistema" no funciona o está podrido (que es en último término el verdadero propósito de tantos de los legos en Derecho que, sin embargo, sientan cátedra); máxime cuando en nuestro Estado de Derecho una Infanta, hija de Rey y hermana de Rey, ha llegado a sentarse en el banquillo, y un yerno de Rey y cuñado de Rey acaba de ser condenado a penas de cárcel.

A partir de ahí: que cada cual opine de lo que le plazca, faltaría más. Igual algún día hasta yo mismo me atrevo a escribir un opúsculo sobre los últimos avances en neurociencias.