lunes, 16 de enero de 2017

SE VA OBAMA... PERO LA PROGRESÍA DE HOLLYWOOD VUELVE

Dejarse comer la tostada en el panorama internacional por Putin, que ha hecho y deshecho a placer en los predios de su añorado y en parte resucitado Imperio Ruso; claudicar ante dictaduras como la iraní o la cubana, a las que ha dotado de respetabilidad sin absolutamente nada a cambio; y, en consecuencia, situar a los hace poco todopoderosos Estados Unidos en una posición abstencionista en la defensa de la libertad y la democracia en el mundo, lo que equivale a situarles en la práctica irrelevancia en los asuntos exteriores, son argumentos más que suficientes como para calificar el mandato de Obama, que tantas expectativas había despertado, de mediocre y hasta con un balance desfavorable, y aun siendo generosos. En política interior, además, ha cosechado fracaso tras fracaso, empezando por su mismísimo buque insignia, el "Obamacare", por la sencilla razón de que no ha calado en una sociedad como la norteamericana, tan celosa de su libertad individual como propensa a rechazar la intervención del Estado en sus vidas.

Mucho se ha culpado, cómo no, de los reveses de Obama en política doméstica a los siempre denostados republicanos, que en el tramo final de la Administración "obamita" han ostentado una muy significativa mayoría en ambas Cámaras (cosechadas en las urnas de forma clara y rotunda, no lo olvidemos); cuando precisamente el único éxito que podría exhibir el demócrata, y que por su indudable importancia impide reputar de desastroso su mandato, la recuperación económica y de la creación de empleo, se ha debido en gran parte, y frente a la tendencia intervencionista de los primeros años de su presidencia, al rigor en materia económica y presupuestaria que le ha impuesto un poder legislativo de signo conservador. Independientemente de que los representantes del Grand Old Party, del partido fundado por Abraham Lincoln, merecen ese mínimo de respeto que con tanta ligereza se le niega por estos lares de la vieja Europa, aunque solo sea por el decisivo papel que llevan desempeñando en la democracia estadounidense desde sus mismos orígenes; además de, por supuesto, ganar el respaldo de al menos la mitad de los votantes norteamericanos, que algo saben de eso de acudir a las urnas.

Se va, entre lágrimas (la de chistes que se hubieran hecho si Bush Jr. se hubiese despedido de esa guisa), Obama, cuyas dos presidencias repletas de frustraciones y desencantos han promovido la llegada al poder de un populista como Donald Trump... aunque, eso sí: vuelve la progresía de Hollywood, a la que, tras ocho años de estruendoso silencio, le ha entrado de repente un irrefrenable impulso de, por fin, utilizar cualquier motivo, acto o festival cineasta como plataforma de crítica y arenga política. Empezó tocando a rebato, y sin venir a cuento, la mismísima Meryl Streep en la ceremonia de los Globos de Oro, y claro, los demás, desde Sharon Stone a Robert de Niro, pasando por George Clooney, no tardaron en seguirle. Porque Hollywood es como, por ejemplo, nuestro cine (aunque sin subvenciones, eso sí): casi todo progre (o "liberal" en el sentido norteamericano del término); casi, porque hay contadas excepciones como Clint Eastwood, Jon Voight, Kirstey Allie o Gary Sinise, republicanos irreductibles y fieles que han declarado sin reparo alguno su voto a Donald Trump.

Ahora bien: el presidente electo Trump, cuya facilidad para meterse en camisa de once varas nos augura días de gloria, volvió en aquella ocasión, y una vez más, a desbarrar cuando se permitió entrar en la provocación y, de paso, tachar de "sobrevalorada" a una actriz tan extraordinaria como es Meryl Streep (y como todos los que, en diferentes niveles, han sido nombrados más arriba). Su última gran interpretación: ni más ni menos que la de Margaret Thatcher en "La Dama de Hierro", un papel que, afortunadamente, no le llegó a prohibir su inquebrantable adhesión al paradigma progre.

Como era de esperar, la primera rebelión del "establishment" "liberal" hollywoodiense tuvo su continuación, incluso convirtiendo "I will survive" en un himno de resistencia contra Trump... aunque todo parece indicar que, pese a las promesas de algún que otro famoso, ello no implicará huidas en masa de los Estados Unidos. Todo lo más, algún drástico acto de protesta como el cambio de "look" emprendido por la actriz (y "activista" progre) Olivia Wilde para terminar con la vergüenza de seguir luciendo un peinado parecido al de Melania Trump (fea como ella sola, como cualquiera puede advertir)... y lo que te rondaré, morena.

Desde luego, y ojalá nos equivoquemos, nada o bien poco cabe de momento esperar de la presidencia de quien, amén de prometer imposibles y abogar por la vuelta al aislacionismo y al proteccionismo, en campaña se ha mostrado como el típico populista faltón y demagogo, y en cuya primera rueda de prensa ni ha rectificado mínimamente ni ha abandonado tan lamentable comportamiento. Todo lo cual no obsta para criticar el ridículo sectarismo de una progresía, la de Hollywood, a la que solo parece despertar su conciencia política la mera perspectiva de que un republicano o conservador habite la Casa Blanca... y sin tan siquiera esperar a que tome posesión del cargo.