miércoles, 21 de diciembre de 2016

NI CARROÑERISMO NI BUENISMO

Horrorizados y conmocionados empezamos la presente semana por sendos atentados en Ankara, donde el embajador ruso fue asesinado a tiros por un ¡policía turco! al grito de "Alepo, venganza", y Berlín, donde se volvió a hacer uso de un camión como arma letal, al modo del yihadismo en Niza, para arrollar salvajemente a una multitud que se encontraba en un mercadillo navideño: cobarde atropello que se saldó con doce muertos y cincuenta heridos. Nos ha vuelto a golpear la locura, sinrazón y, sobre todo, maldad del terrorismo criminal islamista al que debemos hacer frente las sociedades libres.

La propia canciller Angela Merkel saltó a la palestra para, además de condenar el cruel atentado de Berlín, dar cuenta de que el autor material del mismo había sido un refugiado paquistaní que llegó hace un año a Alemania a través de la ruta de los Balcanes, aunque posteriormente la Policía alemana, que busca ahora como principal sospechoso a un tunecino que cuenta con certificado de permanencia en Alemania, terminó reconociendo su inocencia. Debemos partir de un hecho indubitable: los responsables de los actos terroristas son única y exclusivamente quienes los cometen. Así, cabe calificar de deleznables y ruines las palabras del líder de la ultraderecha alemana, que tuvo la vileza de lanzar los cadáveres a la cara de Merkel, una rastrera y carroñera actitud que, por cierto, en la política española nos suena y mucho. Bien al contrario, la unidad de los demócratas en la lucha contra los enemigos de Occidente y la libertad ha de ser firme y sin fisuras; generar división y enfrentamiento entre las fuerzas políticas que deberían compartir unos principios baśicos y, además, diluir las responsabilidades de un acto criminal significarían el mayor triunfo para los terroristas.

Todo lo cual no ha de obstar para poner en valor la necesidad de que el acogimiento hacia los refugiados que nos llegan de Siria y zonas anexas continúe siendo generosa y solidaria, como marcan los cánones de la política occidental, aunque aplicando los filtros que sean posibles para diferenciar entre esa gran mayoría de quienes huyen de la guerra y buscan una vida mejor, y esa minoría que viene a sembrar dolor y muerte en su odiado Occidente de raíz cristiana, por ello "infiel" y susceptible de ser aniquilado como civilización. El buenismo no convierte a los malvados en seres angelicales, ni termina con la guerra sin cuartel que el yihadismo nos ha declarado hace décadas.