miércoles, 19 de octubre de 2016

PSOE: QUIEN SIEMBRA VIENTOS...

Quien siembra vientos, recoge tempestades. Cuando se justifica y hasta jalea a la extrema izquierda en sus "escraches" y boicots cuando se producen contra el adversario político (por ejemplo, los cercos a la sede del PP, los acosos y persecuciones callejeras a políticos de "la derecha", o los hostigamientos a conferencias públicas como las de Aznar o Rosa Díez), presentándolos incluso como ejercicios de las libertades de expresión y manifestación (inolvidable aquella sentencia de cierta juez afín al PSOE, que definía las vehementes concentraciones frente al domicilio particular de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría como "mecanismos ordinarios de participación democrática"), se corre el riesgo de que terminen volviéndose en tu contra. En cualquier caso, que una pandilla de violentos vociferantes con estética de "kale borroka" y consignas típicamente "iglesistas" (de Iglesias Turrión, claro) y hasta banderas proetarras impidan que todo un expresidente del Gobierno tome la palabra en una Universidad, que como tal debería ser templo del saber, la tolerancia y la libertad, denota una vez más el carácter totalitario y liberticida de cierta izquierda (ultra) con la que, por cierto, la supuesta socialdemocracia (esto es, ese mismo partido del que el boicoteado e insultado Felipe González es historia viva) no ha tenido impedimento alguno en repartirse ayuntamientos y autonomías; y con cuyo último líder pretendía pactar para nada menos que gobernar España.

Sabido es que el Mesías Iglesias, y con él su obra política, Podemos, ha decidido desembarazarse de su inverosímil disfraz de socialdemócrata sueco para retornar a su verdadero ser: un ultraizquierdista antisistema al chavista o "bolivariano" modo. Ya ha anunciado que sustituirá su forzada participación en un parlamentarismo propio de la democracia representativa, que en realidad siempre ha considerado como mero prejuicio burgués-liberal y como tal prescindible, por la toma pura y dura de la vía pública, por el "agit-prop" callejero; en suma, por una violencia que podríamos definir de "modulable" intensidad. Y he aquí el primer ejemplo.

De lo que sí hay que congratularse es de que determinadas caretas hayan caído ya.