sábado, 22 de octubre de 2016

PACTO POR EL AGUA: UNA BANDERA DE UNIDAD E IGUALDAD

Aunque ha pasado prácticamente desapercibido en el panorama político y mediático, el 19 de octubre de los corrientes tuvo lugar en la sede de la soberanía nacional un hecho que, dada su importancia simbólica y por carecer de precedentes, cabe calificar de histórico. Y es que desde ese día la Región de Murcia, y en general la España necesitada de agua, están de enhorabuena, debido a la aprobación por el Congreso de los Diputados de la elaboración de un Pacto Nacional del Agua. La iniciativa, impulsada por el diputado murciano del Partido Popular Teodoro García, contó con los votos favorables de los parlamentarios de PP y Ciudadanos, la abstención de los un PSOE especialmente desnortado estos días... y el voto en contra de los de Podemos. Sí, de los del mismísimo Mesías Iglesias, cuyo supuesto "igualitarismo extremo" no concibe en cambio que a ningún español deba faltarle agua, independientemente de que resida en el Norte o en el Sur, en Aragón o en Extremadura, en Cataluña o en el Levante español. Y es que determinados discursos acaban cayendo por su propio peso cuando se les lleva a la práctica concreta y la política tangible.

Resulta a su vez tan significativo como lamentable que los diputados murcianos de PSOE y Podemos, a los que parece costarles muy mucho dar la cara por los electores de su circunscripción, se ausentaran durante el debate y la votación de una Proposición No de Ley que planteaba un asunto tan vital para la Región de Murcia. Pero a buen seguro que los votantes murcianos volverán a tomar cumplida nota, como lo llevan haciendo desde aquel malhadado día en que un parlamentario socialista por Murcia apellidado Saura (en efecto, el mismo que anda ahora impartiendo lecciones de ética y moral política por los pagos mediáticos) contribuyó con su voto a la derogación del trasvase del Ebro; la primera medida que, recordemos, adoptara aquel Gobierno funesto, el de Zapatero, de cuyos polvos vienen tantos de los lodos que aun hoy seguimos sufriendo.

Sea como fuere, cabe esperar que esta iniciativa parlamentaria ponga las bases de un históricamente demandado Plan Hidrológico Nacional, ideado a principios del siglo XX por el regeneracionista (y aragonés) Joaquín Costa, proyectado en plena Segunda República por el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo y por encargo del socialista Indalecio Prieto (que tacharía incluso de 'traidores a la patria' a quienes lo rechazasen), rescatado sin éxito por Josep Borrell en 1993, hecho efímeramente realidad por el Gobierno de Aznar en su segunda legislatura (que llegaría a colocar en Archena la primera piedra de las obras del trasvase del Ebro), y, como hemos apuntado antes, inmediatamente derogado por Zapatero nada más llegar a La Moncloa con el apoyo de los nacionalistas y antitrasvasistas de ERC.

En suma, la concreción y puesta en marcha de este Pacto Nacional del Agua ha de servir fundamentalmente para que se cumpla por fin en materia de agua el principio constitucional de solidaridad y equilibrio económico, adecuado y justo entre territorios. Fundamento del que "las izquierdas", paradójicamente y pese a que fuera en su idealizada Segunda República cuando se proyectara por primera vez un Plan Hidrológico Nacional, parecen haber abjurado con tal de adherirse a prejuicios aldeanos o típicamente nacionalistas; pero del que, en consecuencia, y por encima de ideologías y tendencias políticas, debemos hacer bandera quienes precisamente defendemos la unidad de España como garantía de la igualdad de derechos entre todos los españoles.