miércoles, 26 de octubre de 2016

HACER DE LA NECESIDAD VIRTUD

"Si hemos de pagar un precio, por ninguna causa lo haremos con mayor orgullo que por el bien de España". De esta forma, haciendo referencia a un posible pero bien empleado (y patriótico) desgaste que sería consecuencia de una legislatura que se presenta en principio difícil, concluyó Mariano Rajoy un discurso de investidura, tal y como se preveía, moderado, conciliador, con apelaciones al diálogo y sentido de Estado. Como él mismo ha resaltado, es momento de convertir la necesidad, esto es, gobernar con un parlamento fragmentado, en virtud, es decir, alcanzar grandes acuerdos nacionales; incluidos aquellos todavía pendientes en nuestra aún joven democracia y que han de servir para dotar de mayor fortaleza a un vigente sistema constitucional que cabe ahora actualizar y, sobre todo, defender con mayor ahínco ante quienes, dentro y fuera del Parlamento, pretenden debilitarlo para en último término hacer de él tabla rasa.

El candidato a ser reelegido presidente del Gobierno ha planteado concretamente cinco pactos nacionales que, como tales, buscan el consenso de las tres fuerzas constitucionalistas: sobre pensiones, para garantizar el sistema público acordando las imprescindibles reformas; sobre Educación, con el fin de dejar de someter la enseñanza pública a los vaivenes de los cambios de gobierno y a la pura controversia partidaria; sobre financiación autonómica, para proporcionarle estabilidad y cumplir plenamente los principios constitucionales de solidaridad interterritorial y equilibrio económico adecuado y justo; sobre lucha contra la corrupción, para emprenderla por fin con la implicación general necesaria y profundizando en las medidas ya tomadas; y sobre la defensa de la soberanía nacional del pueblo español y la unidad de España, con el fin de seguir haciendo frente eficazmente al que sigue siendo principal problema político nacional, que no es otro que el desafío separatista del nacionalismo catalán. Desde luego, con tan oportunas y atinadas apelaciones a estos grandes acuerdos en materias esenciales en esta hora delicada para la Nación, el candidato Rajoy se lo ha puesto francamente difícil a los apóstoles del "no es no"; que, empero, continuarán a piñón fijo en sus pretensiones, que por otra parte se alejan muy mucho de los intereses generales de España.

Todo lo cual no ha sido óbice para defender y reivindicar un legado indiscutiblemente positivo, especialmente en materia económica y de creación de empleo; esto es, el principal encargo que le confiaron los españoles en las urnas al Gobierno que formó el mismo Rajoy en 2011, no lo olvidemos, en plena y gravísima crisis cuyos peores coletazos ya son afortunadamente un mal recuerdo. Una recuperación económica que, si nos atenemos a las cifras de crecimiento del PIB y reducción del desempleo, cabe calificar de histórica, pero que ahora se debe consolidar, por supuesto, evitando las típicas políticas desincentivadoras y contraproducentes que todavía hoy propugnan ciertas "izquierdas". Por todo ello, y recordando además los compromisos de estabilidad presupuestaria adquiridos con la Unión Europea, Rajoy también ha hecho un llamamiento general a la responsabilidad y a una implicación sensata en la gobernabilidad. Porque lo que está en juego no es la mayor o menor duración de un Gobierno, sino la consistencia de la misma España.