martes, 11 de octubre de 2016

ADRIÁN, CUMPLIRÁS TU SUEÑO

No me cansaré de insistir: situar los derechos del hombre, de los que es sujeto originario como ser racional, en pie de igualdad con los de los animales lleva a degradar y "animalizar" al ser humano. Algo que quedó patente en aquella furibunda campaña "animalista" en Internet de expresión de contento y regocijo por la muerte en la plaza del torero Víctor Barrio; y que ha dado una vuelta de tuerca especialmente escalofriante y lacerante en el reciente caso del niño Adrián. Y es que el llamado "animalismo" se distingue por albergar en su seno a sujetos ruines y miserables que emplean un supuesto incondicional amor al animal como coartada para dar rienda suelta a sus impulsos criminales contra la misma condición humana. De ahí la tal Aizpea, o el tal Manuel Ollero, que vieron la ocasión pintiparada para desear públicamente, y de forma absolutamente descarnada y vil, la muerte de un niño aficionado a los toros y... gravemente enfermo de cáncer. Ya hay que ser canallas, crueles y... animales. Y, para más inri, cobardes, porque no tardaron en dejar ni rastro de sus cuentas en redes sociales; aunque de semejantes alimañas tampoco cabía esperar que se responsabilizaran "motu proprio" de las consecuencias de sus deleznables actos.

Reacciones criminosas de tamaño calibre, por desgracia demasiado frecuentes últimamente, son claramente indicativas del ciego fanatismo que anida en cierto movimiento "animalista" que, precisamente, se permite el lujo de atribuirle ese mismo carácter intransigente a unos representantes y defensores de la Tauromaquia que, bien al contrario, están adoptando en general un comportamiento sereno, noble y ejemplar frente a los sinsentidos y desvaríos de tantos de sus detractores. Algo, por lo demás, harto significativo, por cuanto revela dónde residen en realidad las mayores dosis de intolerancia y, a su vez, qué posiciones se hallan más cercanas a los valores de libertad, respeto y... defensa de la dignidad humana.

Al fin y al cabo, en debates tan enconados cada cual acaba retratándose, y de qué manera. Adrián, no hagas caso a esos cafres: cumplirás tu sueño de ser torero.