martes, 27 de septiembre de 2016

PERO "SANCHEZSTEIN" SIGUE A LO SUYO

Gallegos y vascos, en cuya decisión en las urnas se ha querido situar un minúsculo halo de esperanza para propiciar el desbloqueo político de España, han apostado claramente por la estabilidad y la moderación depositando su confianza en sendas claras mayorías de centro-derecha: en Galicia, mayoría absolutísima del PP de Núñez Feijóo (y de un Rajoy que, no lo olvidemos, ha estado muy presente en campaña), que ha logrado mantener sus 41 diputados (frente a los 34 de la oposición) y hasta incrementar su número de votos: desde luego, cosechar un 47,5% de los sufragios en estos tiempos en los que suele imponerse la fragmentación política, y además haber conseguido ser el único presidente autonómico que cuenta con mayoría absoluta en el parlamento, tiene un mérito indiscutible, y sitúa sin duda a Feijóo como el mejor colocado para una eventual sucesión en el PP nacional; en el País Vasco, clara victoria del posibilista PNV de Urkullu, con cuyos 29 diputados (dos más que los que tenía) se podría construir también una mayoría absoluta de centro-derecha sumando los 9 escaños logrados por un PP que, encabezado por Alfonso Alonso, ha resistido sufriendo un mínimo desgaste (un diputado menos), que podría haber sido mayor ante la previsible concentración de voto útil "institucionalista" en el nacionalismo vasco: lo cual no es óbice para lamentar la alarmante tendencia a la baja de las opciones constitucionalistas.
En cuanto al PSOE de Sánchez (porque así cabe calificar las candidaturas presentadas por el socialismo en sendas elecciones, ya que han sido de estricta observancia "sanchista"), los varapalos han sido del tenor de los pronósticos de las encuestas: de nuevo, históricos. Cuatro escaños menos (de 18 a 14) en Galicia, donde se han visto superados en votos por la ultraizquierdista En Mareas, y casi la mitad de los diputados perdidos en el País Vasco (de 16 a 9), donde también ha habido "sorpasso" de Podemos (11 escaños). Por cierto, el mero hecho de que tanto en unos como en otros comicios las marcas "podemitas", por mucho que no hayan cumplido sus expectativas, se hayan situado por delante del PSOE vuelve a demostrar que dar ya por muerto al populismo chavista, como da a entender el "sanchismo", responde más a los deseos que a la realidad. ¿Y Ciudadanos? Cierto es que han sido unas elecciones especialmente adversas para los "naranja" (en el País Vasco, debido a su posición contraria al concierto económico; y en Galicia, ante el empuje de un PP que allí siempre ha tenido un sólido predicamento electoral), pero no deja de ser significativo que no hayan obtenido representación alguna ni en Santiago de Compostela ni en Vitoria, donde ni siquiera han sido capaces de "heredar" el solitario escaño que ostentaba UPyD.
Desde luego, los resultados de estos comicios gallegos y vascos han de interpretarse principalmente en clave autonómica, que es el ámbito en el que han tenido lugar, pero también adquieren un claro sentido nacional, sobre todo por la ya apuntada coincidencia en las tendencias; máxime en plena intensidad del debate político y social sobre el bloqueo impuesto por el PSOE de Sánchez, del que obviamente no se ha podido abstraer ninguna de las dos regiones. Así, el fracaso de Pedro Sánchez ha vuelto a ser de tal calibre que ni en Galicia ni el País Vasco hay posibilidad alguna de construir "frentes populares anti-PP" con las fuerzas de la extrema izquierda, algo que le sirvió para tapar su monumental (y también histórico) descalabro en las elecciones municipales y autonómicas de 2015, y que además hubieran podido servir de guía y ensayo para pergeñar e incluso justificar pactos "Frankenstein" (que ya hay quienes empiezan a llamar "Sanchezstein") que le lleven a él mismo a La Moncloa.

Pero el estadista, como era perfectamente previsible dado su ya proverbial desprecio por la voluntad mayoritaria de los electores y los intereses generales de España, y hasta por la preservación de su propio partido, ha procedido al día siguiente como si estos catastróficos resultados no fueran con él. Es más: puesto que se ha visto, ahora sí, verdaderamente superado por los acontecimientos, ha decidido dar una nueva vuelta de tuerca a su estrategia de ganar tiempo manteniéndose, contra viento y marea, como líder socialista retando directamente a todo aquel que dentro del PSOE haya osado discutirle, interna o externamente. Así, no solo ha anunciado la convocatoria de unas primarias "express" para pillar a sus adversarios con el pie cambiado, sino además el adelanto del Congreso "Federal" (esto es, nacional) del partido pese a que prometió que no se celebraría hasta que en España tuviésemos por fin Gobierno. Por tanto, "Sanchezstein" sigue a lo suyo, y encomendándose ahora a una militancia que considera tan radicalizada como él.

La pregunta que cabe hacerse es la siguiente: ¿van a continuar asistiendo impávidos los llamados "barones" y demás líderes morales e históricos del PSOE a semejante estrategia de suicidio colectivo?