jueves, 22 de septiembre de 2016

LA CLAUDICANTE "REALPOLITIK" DE OBAMA

Barack Obama, en la Asamblea General de la ONU: “Estamos viendo cómo Rusia trata de recuperar su gloria perdida a través de la fuerza”. Y tiene toda la razón el actual presidente "cojo" de los Estados Unidos: Vladimir Putin, eterno líder máximo y encarnación de "la Madre Rusia", pretende construir "manu militari" (lo ha logrado, de hecho) un área de expansionismo que lleve a Rusia a recuperar su pasado imperialista. De ahí, por ejemplo, la invasión rusa de Crimea, además de su creciente poder de influencia incluso en la lucha contra el Daesh de resultas de su alianza con el régimen sirio; cuyo último y significativo episodio ha sido el cese de hostilidades que Estados Unidos hubo de acordar con la misma Rusia, y que nos ha hecho rememorar incluso tiempos de la guerra fría que creíamos definitivamente orillados.

Cierto es. Pero a todo ello ha contribuido sin duda un Occidente ensimismado que, dejándose ganar por la mano por el exagente de la KGB, reacciona siempre tarde y mal ante una política de hechos consumados, que la escandalosa inacción del país que en primerísima línea debería velar por el derecho internacional y los valores de la libertad y la democracia en el mundo no ha hecho sino favorecer. Y me refiero, claro está, a los Estados Unidos y la misma política abstencionista llevada a cabo por su todavía presidente en los asuntos exteriores.

Y es que colean todavías las consecuencias del definitivo triunfo en todo Occidente, tanto en Europa como en Estados Unidos, del buenismo pacifista del "noalaguerra" que comenzara a gestarse en las reacciones contrarias a la segunda intervención militar norteamericana en Irak contra el régimen de Sadam Hussein; y, sobre todo, tras el trauma de la deficiente gestión estratégica y política de la posguerra, convenientemente magnificada en su momento por la agitación y propaganda de la progresía antiyanqui.

La derrota de las denostadas tesis "neocon" que guiaron la ejecutoria internacional de George W. Bush, que abogaban por favorecer la extensión de la democracia liberal en el mundo, sobre todo Oriente Medio, como estrategia básica en la guerra contra el terrorismo islamista que se iniciara el 11-S, y a su vez frente a los enemigos de la libertad en general, ha terminado siendo contundente. Lo cual ha acabado construyendo el mejor de los mundos posibles para los tiranos de turno: so capa de supuestamente respetar las soberanías nacionales, y sobre todo ante el mínimo riesgo de empeorar todavía más el estado de cosas existente, nadie tiene derecho a entrometerse en los "asuntos internos" de otros países.

Pero puesto que de lo que se trata es de evitar por encima de todo la impopularidad mediática de las guerras (incluso para combatir a un terrorismo yihadista que atenta cruelmente en suelo occidental), tampoco ataques a la soberanía de otros países merecen la correspondiente respuesta enérgica (si acaso, unas cuantas declaraciones de condena y alguna sanción económica y diplomática), aun a riesgo de convertir en ficción los principios del derecho internacional. De tal forma que el "noalaguerra", la inacción, se han elevado a absolutos del panorama internacional, paradójicamente como en los tiempos de la muy conservadora "realpolitik", que se caracterizaba por su pragmatismo a ultranza y su desprecio de cualquier principio ético y moral en las relaciones exteriores.

El presidente Obama se ha limitado desde el principio a abrazar y poner en práctica una política abstencionista de "realpolitik", que se convierte simple y llanamente en claudicante con motivo de sendas cesiones ante Irán y Cuba... sin que en ninguna de las dos tiranías se haya advertido la menor apertura democrática ni en materia de derechos humanos. Pero eso sí: ningún detalle de la lamentable ejecutoria de Obama en el panorama internacional, donde los Estados Unidos ha procedido como un país decadente y sin pulso, va a estropear un Nobel de la Paz preventivamente concedido.

Nota al margen: mi absoluta decepción con la política exterior "obamita", aunque particularmente no esperaba nada mejor, no me llevaría si fuera norteamericano a votar al estrafalario populista Donald Trump. Y muy a pesar de mis simpatías por el Partido Republicano; o más bien precisamente por eso, dado que Trump representa justo lo contrario de los principios y valores que siempre han caracterizado al conservadurismo estadounidense. Por ejemplo, en esta misma materia de política internacional, esa especie de Jesús Gil a la americana aboga claramente por el aislacionismo y el abandono de los compromisos de Estados Unidos en el exterior, además de limitarse a establecer alianzas de preferencia con... la Rusia de Putin. Con lo cual saldríamos de Guatemala para meternos en Guatepeor.