viernes, 16 de septiembre de 2016

EL RUIDO DE LA CORRUPCIÓN, O SEPARAR EL GRANO DE LA PAJA

Cualquiera que no estuviese muy al tanto de la actualidad, y que simplemente se dejara llevar por el onmipresente ruido político-mediático, podría colegir que tenemos a Juan Manuel Soria calentando vergonzosamente silla en el Banco Mundial. Pero no, resulta que en su momento renunció a optar a un puesto, el de director ejecutivo del organismo, al que tenía perfecto derecho por su misma actividad profesional. Desde luego, no era ni mucho menos el momento más oportuno para presentar su candidatura, y de ahí el revuelo político y mediático generado; pero estirar un "caso" que debió dejar de serlo desde el mismo momento en que hubo rectificación, denota una vez más la intencionalidad de puro y exclusivo desgaste político que esconden supuestas exigencias de pulcritud (siempre ajena, claro). Por desgracia, hace tiempo que, al calor de una demagogia antipolítica triunfante en tiempos de crisis, una atmósfera inquisitorial se ha enseñoreado de la vida pública y política, hasta el punto de decretar la muerte civil de quien tuvo la gallardía de asumir sus propios errores y dejar la política... sin tan siquiera ser investigado o acusado de cometer irregularidad o delito alguno. Pero el empeño por desprestigiar unas siglas para los restos ha de pasar hasta por las consiguientes dosis de persecución personal, y con más razón cuando se trata de alguien que ha tenido la decencia de dimitir.

Eso sí: no les sigue faltando de nada a la Aído o a la Pajín, típicas indocumentadas "zapateriles" que no le llegan a Soria ni a la suela del zapato pero que obtuvieron en su momento la oportuna "colocación" en el organismo internacional de turno, o a la inefable Maleni Álvarez, que fue nombrada vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones pese a ser investigada por el caso ERE, y que cuando no tuvo más remedio que dimitir tras confirmarse su imputación se hizo con una indemnización y una pensión la mar de suculentas. Y qué decir de la exvicepresidenta socialista del Gobierno y tres meses después consejera de la filial eléctrica Chilectra Elena Salgado, un caso de "puertas giratorias" de auténtico libro pero que apenas levantó polvareda alguna... Todo lo cual es otra vez muestra de un flagrante fariseísmo basado en una escandalosa doble vara de medir. 

Rita Barberá, tras abrirle el Tribunal Supremo una investigación por supuesto blanqueo de capitales (en su caso, de la ingente cantidad de 1.000 euros), decidió darse de baja del Partido Popular, y quizá debería haber abandonado también su escaño de senadora; no en cumplimiento de un pacto con Ciudadanos que, según los mismos portavoces del partido "naranja", dejó de estar en vigor una vez derrotada la investidura de Rajoy, sino por la ejemplaridad que ha de prevalecer en estos tiempos de especial desprestigio de la actividad política. Por cierto, alguna vez nos explicarán las razones por las cuales el pacto (de Gobierno) que Albert Rivera firmó con Pedro Sánchez puso el límite del cese o dimisión en la apertura de juicio oral, y en cambio el acuerdo (de investidura) que alcanzaron PP y Ciudadanos lo situaron en la mera imputación. Ahora bien: que exijan la renuncia de quien ha sido una magnífica alcaldesa de Valencia los mismos que mantuvieron como diputado al insigne Pepe Blanco pese a su imputación, o los que no pidieron a Chaves y Griñán que dejaran el partido y el Senado hasta después del suplicatorio, paso que todavía no ha tenido que dar Barberá, no es sino atenerse, en efecto, a la aplicación de una ley: la del embudo.

Por tanto, el PSOE, y muy especialmente Pedro Sánchez, deberían abstenerse de dar lecciones de moral en la materia y de utilizar la corrupción como coartada para empeñarse en su irresponsable política de bloqueo institucional; bastante daño está haciendo ya "Doctor No" a España para que encima haya que soportar tamaña hipocresía. Máxime estos días, cuando un tal Rafael Rubio, militante del Partido Socialista del País Valenciano, continúa en su cargo de coordinador de Urbanismo del Ayuntamiento de Valencia a pesar de su imputación por ese mismo caso "Imelsa" que ha provocado dimisiones en el PP valenciano; y sin que "Don Limpio" Sánchez le haya conminado a que abandone el puesto. Aunque algo tiene a favor el todavía líder socialista, y bien que lo sabe: que al tal Rubio no le dedican ni la milmilésima parte de minutos en los telediarios que a Rita Barberá, a Soria (pese a que hace tiempo dejó la política)... o a cualquier político del PP que pueda verse mínimamente salpicado. Porque ese doble rasero que se aplica para sí mismo el PSOE, y la izquierda en general, se advierte en la práctica totalidad de las cadenas de televisión, lo cual por otra parte debería mover a la reflexión sobre la política de medios de comunicación llevada a cabo en los últimos años. Aunque eso es harina de otro costal.

Esa misma parcialidad mediática lleva a presentar, por ejemplo, un presunto blanqueo de 50.000 euros como la más gigantesca trama de corrupción de la historia reciente, mientras que construir desde la Junta de Andalucía un entramado para saquear más de 700 millones de euros de dinero público, para más inri destinado a los parados en la región con mayor índice de desempleo de España, se le resta importancia y hasta se llega a sugerir buena intención en quienes de esa manera "socializaban" los beneficios de tan extendida estructura de corrupción. De ahí el argumento utilizado por quienes en el PSOE, y empezando por la mismísima Susana Díaz, no tienen empacho alguno en salir en defensa de la "honestidad" (sic) de Chaves y Griñán, aun después de que la Fiscalía haya pedido inhabilitación para el primero y cárcel para el segundo: que ninguno de los dos ha buscado su enriquecimiento personal. Como si consentir el establecimiento y la consolidación de una inmensa red clientelar apropiándose de dinero público, cuyo fin no es otro que eternizarse en el poder, fuera propio de personas de moral intachable. En cualquier caso, si esta estrategia de blanqueamiento de los imputados Chaves y Griñán emprendida desde las filas socialistas la llevara a cabo alguien del PP para, por ejemplo, siquiera insinuar la "honorabilidad" de Rita Barberá... la crucifixión mediática y política sería inmisericorde.

De la misma forma, desde ciertas terminales se repite una y otra vez el carácter de partido "imputado" del PP, lo que se utiliza incluso como justificación para aislarle políticamente e impedir por todos los medios que gobierne pese a haber ganado dos veces consecutivas, y con cada vez mayor claridad, las elecciones... cuando el PSOE, no es que esté investigado, sino que ha sido condenado en sentencia judicial firme por financiación irregular ("honor" que comparte con Unió): lo cual, si utilizáramos esa misma vara de medir, debería haberle inhabilitado para los restos. Un PSOE que, además, también ostenta el baldón histórico de que dos de sus presidentes, los mismos Chaves y Griñán, hayan sido encausados por la mayor trama de corrupción de la democracia. Pero mentiras repetidas al más puro estilo "goebbelsiano", como que el PP es el partido más corrupto, no ya de España, sino de Europa, o que Rajoy es complaciente o hasta ampara la corrupción, cuando ningún Gobierno como el suyo ha aprobado más medidas ni dotado de más medios para combatirla (y de ahí que hayan salido a la luz casos que en el 99% son del pasado), han logrado un considerable éxito mediático. Aunque, afortunadamente, y tal y como queda patente una y otra vez en las urnas, todavía hay españoles que saben separar el grano de la paja, discernir el inmenso ruido provocado de una algo más serena realidad.