martes, 26 de julio de 2016

JE SUIS CATHOLIQUE

Que dos bárbaros cobardes hayan irrumpido en una iglesia para asesinar a sangre fría y con crueles alardes a un indefenso sacerdote de 86 años no es sino una nueva, palpable y escalofriante demostración de que la maldad humana existe, y que en el terrorismo yihadista y sus seguidores y ejecutores alcanza sus mayores y peores extremos de demencia furiosa. Siempre habrá algún apóstol del relativismo moral, paradigma que tantísimo daño ha hecho y continúa haciendo en Occidente, que introducirá las preceptivas 'matizaciones' y 'explicaciones': como que, hombre, los ritos cristianos y católicos 'ofenden' a los musulmanes, y que, además, han sido muchos años de 'opresión' hacia el Islam... Dando a entender, en suma, que tan 'malos' como 'ellos' hemos sido, o somos, los cristianos o los occidentales en general, en realidad los verdaderos culpables; y que, en último término, tras darnos los correspondientes golpes de pecho, deberíamos 'ceder' en algunas de sus pretensiones, quizá empezando por la eliminación del derecho a la libertad religiosa... pero de los cristianos, claro, para que así no se sientan agraviados, y quién sabe si de esa forma dejarían de matarnos, siquiera un poquito.

Pues bien, ante semejante equidistancia, que hemos de esperar de nuestros 'clásicos' del buenismo más o menos 'progre', cabe afirmar tajantemente que esos dos criminales imbuidos en odio y perversidad han asesinado al Padre Hamel en una iglesia de Normandía porque predicaba la religión de la dignidad del ser humano, el amor, la misericordia y la paz; esto es, los mismos valores que el integrismo islámico que representa en este caso el Daesh aborrece y que pretende borrar de la faz de la tierra, junto a todos los 'infieles' que no se le sometan. Algo que terminará consiguiendo si en Occidente continuamos asistiendo impávidos a esta guerra global que se nos declaró desde el mismo 11-S, y que estamos sufriendo con especial intensidad y dramatismo estos días en Europa por mucho que no queramos verlo, y hagamos dejación de la defensa y preservación de nuestro modo de vida y nuestros sistemas democráticos basados en los derechos y libertades individuales. Bien al contrario, debemos actuar y responder a esta lacra con la unión y la firmeza requeridas, por supuesto; pero también teniendo claro de una vez por todas que, por muy elevados ideales que nos muevan y bonitas palabras que empleemos, jamás lograremos integrar a quienes nos rechazan, nos odian e incluso nos matan.

Frente a este nuevo acto asesino y sanguinario procedente de la vesania y la intolerancia criminal de un yihadismo que persigue la aniquilación de toda una civilización, la nuestra, de raíces cristianas, cabe proclamar alto y claro: "Je suis catholique".