jueves, 19 de mayo de 2016

LOS COLABORADORES DE LA PROPAGANDA PROETARRA

El 18 de mayo de 2016 será recordado como un día ignominioso, no solo para Cataluña, sino para la democracia española en general. Una jornada absolutamente vergonzante en la que las ramas del independentismo y la ultraizquierda catalanas recibieron como un héroe a un ínclito defensor, integrante y criminal convicto de la banda terrorista ETA. Se encargaron de ensuciar las instituciones catalanas con semejante invitación y rendición de pleitesía, además de los secesionistas de ERC y la antigua Convergencia y los filoetarras de la CUP, la 'confluencia' de Podemos en Cataluña con su 'lideresa' al frente, Ada Colau, que tuvo a bien ceder las instalaciones del Ayuntamiento de Barcelona para un acto público del interfecto. La misma Colau que, recordemos, empezó a conseguir notoriedad mediática cuando en sede parlamentaria definiera como 'criminales', no a aquellos que, por ejemplo, segaban vidas de inocentes mediante bombas y tiros en la nuca, sino a los bancos que, según su equilibrado entender, fomentaban los suicidios que seguían a algunos de los desahucios; y quien, escasos días antes, lograra recabar como alcaldesa de Barcelona el apoyo explícito del Partido Socialista de Cataluña, el cual, que sepamos, no ha mostrado posteriormente arrepentimiento alguno, dado que en los cánones sectarios del socialismo hispano no es concebible ningún 'cordón sanitario'... a no ser que sea contra el PP, claro.

Resulta sumamente lacerante que semejante sujeto haya obtenido honores de los gobernantes y representantes políticos e institucionales de una comunidad como Cataluña, especialmente golpeada por la vesania terrorista de la ETA: jamás deben caer en el olvido los cobardes atentados de Hipercor (21 inocentes muertos) y de la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic (10 víctimas mortales, la mitad de ellas niños). Porque lo que pretende precisamente el cabecilla y delincuente etarra con su macabra gira es promover y dotar de respetabilidad a su distorsionado y mentiroso 'relato' del terrorismo etarra como parte de un 'conflicto' entre las víctimas y sus verdugos, de una lucha sin cuartel entre los pistoleros y las nucas de sus asesinados.

Lo peor de todo es que ese vil menester propagandístico de la llamada izquierda 'abertzale' tiene entusiastas colaboradores fuera del mundo estrictamente proetarra: tanto la ultraizquierda 'podemita', por evidentes razones de afinidad ideológica (marxismo-leninismo) y comprensión en los fines (todavía resuenan aquellas palabras de elogio de Iglesias Turrión a la misma ETA por 'saber entender' el carácter supuestamente neofranquista de la democracia surgida de la transición), como las distintas tendencias de un nacionalismo catalán que no ha tenido más remedio que acabar mostrando su verdadera cara separatista: aquí, por tanto, también es obvia la coincidencia en los objetivos. Recordemos que quien fuera líder de ERC, Carod Rovira, llegaría a acordar con la dirección etarra que Cataluña fuera declarada 'zona libre de atentados'. Y en cuanto al nacionalismo otrora más moderado y posibilista, el de la antigua Convergencia, nadie parece acordarse de estas escalofriantes preguntas que, en 1998, se hizo en público el mismísimo Jordi Pujol: "¿A quién debemos dejar de matar para ser más simpáticos que los vascos? ¿Cuántos atentados debemos dejar de hacer en Madrid o en Sevilla? ¿A cuántos regímenes fiscales especiales debemos renunciar?".

Formaba parte del discurso explícito e implícito del pujolismo, típicamente victimista, dar a entender que el carácter totalmente 'pacífico' del nacionalismo catalán (pese al caso, significativo pero más minoritario, de Terra Lluire) terminaba perjudicando las expectativas de Cataluña, y máxime teniendo en cuenta los privilegios concedidos al País Vasco. Las conclusiones que se podían extraer entonces, por tanto, eran bien claras. Como, en consecuencia, podemos explicarnos ciertas y deleznables actitudes de hoy.