sábado, 7 de mayo de 2016

EN LA EUROPA REGAÑADA POR EL PAPA FRANCISCO


"¿Qué te ha sucedido Europa humanista, defensora de los derechos humanos, de la democracia y de la libertad? ¿Qué te ha ocurrido Europa, madre de pueblos y naciones, madre de grandes hombres y mujeres capaces de dar la vida por la dignidad de sus hermanos?". (...) "Sueño una Europa que promueva la integración, donde ser inmigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano". De esta guisa se pronunció Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, al recibir el Premio Carlomagno. Distinción que se le había concedido por ser "la voz de la conciencia" del Viejo Continente, y desde luego que vio la ocasión propicia para ejercer como tal. Eso sí: pocas horas después, el laborista Sadiq Khan, hijo de inmigrantes paquistaníes y declarado musulmán, era proclamado alcalde de Londres tras imponerse en las elecciones municipales.

Los principios de adopción e integración del inmigrante que siempre han distinguido a esa Europa humanista han de pasar por el respeto, no solo a la legalidad, sino a esos mismos valores de defensa de "los derechos humanos, de la democracia y de la libertad" por parte de la persona expatriada. Y con el fin de que pueda ejercer esos mismos derechos (y obligaciones) individuales en pie de igualdad con los naturales del país de acogida, resulta imprescindible que disponga de la documentación legal que le confiera títulos de ciudadano. Bajo esas premisas, en esa Europa a la que ha regañado y retado el Papa Francisco "a ser lo que era", un musulmán de origen paquistaní ha llegado a ser nada menos que alcalde de una de sus principales capitales, Londres. Todo un hito histórico que supone la más clara demostración del humanismo de Europa, de su tolerancia y de su verdadera capacidad de integración hacia el inmigrante; y como debe ser: en condiciones de legalidad e igualdad de oportunidades.

Porque es cierto que Europa y Occidente en general han sufrido una pérdida de valores absolutamente lamentable y de nefastas consecuencias. Pero tampoco conviene distorsionar la perspectiva.