lunes, 18 de abril de 2016

LES IMPORTA UN BLEDO LA CORRUPCIÓN

'La política es una actividad que debe ser en todo momento ejemplar también en la pedagogía y en las explicaciones. Cuando así no ocurre, deben asumirse las responsabilidades correspondientes'. Así concluía el comunicado que José Manuel Soria hizo público cuando decidió renunciar a sus funciones como Ministro, diputado y presidente del Partido Popular de Canarias. Ciertamente, y mal que les pese a algunos, ejemplar ha sido la dimisión de quien, como Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Presidente del Cabildo de Gran Canaria y Ministro de Industria, Energía y Turismo, ha dejado su sello personal e impronta de altura política. Y ejemplar ha sido también su explicación de los motivos que le han llevado a abandonar por completo la actividad política: ha renunciado, no porque haya cometido nada ilegal ni reprochable, sino por sus errores a la hora de explicarse. Porque no basta con impartir doctrina: hay que ser consecuente con tus propios actos. Y más de uno debería tomar cumplida nota; incluidos los que van de 'don Limpios', muy molestos con una dimisión que no esperaban que fuera a producirse tan rápidamente, y que en consecuencia les impide sacar provecho de un supuesto 'caso Soria' cuyos posibles efectos políticos quedan de esta manera desactivados.

Por lo demás, la diferencia de tratamiento mediático entre, por ejemplo, el propio Soria y el famoso cineasta 'progre' Almodóvar a propósito del asunto de las sociedades 'offshore' es una nueva y significativa muestra del patente de corso que confiere declararte de izquierdas. Es cierto que ostentar un cargo público del peso y la importancia de un Ministerio conlleva un mayor nivel de exigencia ante la opinión pública, y en ese sentido Soria, al dimitir, ha hecho lo que debía, pero también es verdad que Almodóvar es beneficiario de subvenciones del Estado, cuya devolución no ha pedido todavía ningún guardián progre de la estricta moral pública.

Y si de lo que se trata es de comparar la situación de Almodóvar con la de alguien que no sea político, los mismos medios que a él le han dispensado un trato exquisito, a Bertín Osborne en cambio le han machacado, y pese a haber tenido la gallardía de dar la cara. Debe ser porque comete el pecado de votarle al PP.

Pero pasemos de la hipocresía mediática a la puramente política. El dúo tan poco dinámico Sánchez-Rivera, inmersos ya en plena precampaña tras haber sometido a los españoles a su insufrible pantomima, se permiten ahora pedir a Rajoy explicaciones sobre la dimisión de Soria y las actividades de este... ¡en los años 90! Si un presidente debe estar enterado de que lo hacía uno de sus Ministros incluso antes de que empezara a dedicarse a la política, acerca de unas actividades que por otra parte no se ha demostrado que sean irregulares ni ilegales, es que nos situamos ya en unos niveles de exigencia verdaderamente leoninos, que ni el ser más virtuoso de la Tierra tendría fácil cumplir. Pero si, aun así, se trata de que un dirigente político tenga la obligación de estar al corriente de los más íntimos detalles del pasado de sus subordinados, ¿por qué no se aplican el cuento para sí mismos? 

Que se sepa, el señor Sánchez todavía no ha comparecido para justificar su incondicional apoyo ('creo en su inocencia') al diez veces imputado Gómez Besteiro, ni siquiera después de que este dimitiera como líder de los socialistas gallegos; ni tampoco por qué mantiene como alcalde socialista de Vigo al investigado Abel Caballero. Tampoco ha salido Rivera a explicar lo de su dimitido coordinador en La Rioja, o lo de su exdiputado de las Cortes de Aragón, cuyos nombres sí aparecen negro sobre blanco en los papeles de Panamá; ni tampoco lo de su único alcalde en Andalucía, concretamente en Espartinas, que tardó seis meses en ser imputado, record difícil de batir. La realidad es que al estadista Sánchez y a su muleta política les ha pillado la renuncia del exministro de Industria, digan lo que digan un ejemplo de rápida asunción de responsabilidades políticas, con el paso cambiado. Porque a los líderes del pacto de perdedores PSOE-Ciudadanos les importa un bledo la limpieza de la vida política y que se tomen realmente medidas contra la corrupción, sino en la medida en que puedan utilizarla como coartada para intentar desgastar y desprestigiar a Rajoy y al PP, su obsesión común.