jueves, 14 de abril de 2016

LA II REPÚBLICA Y SU VERDADERA LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICA


Hoy, 14 de abril, cuando se cumplen 85 años de la proclamación de la Segunda República, loada por la izquierda supuestamente moderada, idealizada y celebrada en las calles (con escaso éxito, por cierto) por la 'ultra', cabe resaltar los siguientes extremos (nunca mejor dicho):

- El sistema constitucional de Monarquía Parlamentaria vigente en España, por ejemplo, garantiza y protege el derecho de los republicanos de ultraizquierda de salir a las calles con banderas, por cierto, inconstitucionales (tanto como lo puedan ser las franquistas), y para pedir el final del mismo régimen político que ampara el ejercicio de sus libertades; calidad democrática de la que, asimismo, carecía esa Segunda República cuya restauración demandan, ya que, en aplicación de una malhadada y liberticida Ley de Defensa de la República, prohibía la exhibición de cualquier símbolo monárquico, y por supuesto cualquier manifestación pública en favor de la Monarquía.

- Nuestro sistema de Monarquía Parlamentaria se asienta en una Constitución que nos dimos los españoles como depositarios de la soberanía nacional; de 'impuesta', como da a entender el rupturismo, nada. Además, cabe recordar que esa Segunda República 'tricolor', cuya vuelta exige ahora la izquierda radical, vino tras unas elecciones municipales (no generales) que para más inri habían ganado los partidos monárquicos (si bien los republicanos se impusieron en las principales capitales de provincia), y como consecuencia de unos hechos consumados que tuvieron lugar después de la huida de Alfonso XIII vía puerto de Cartagena. Así pues, ¿cuál de los dos sistemas se podría considerar 'impuesto' y sin tener realmente en cuenta la voluntad de los españoles manifestada en las urnas?

- Contra la ensalzada Segunda República actuaron y conspiraron los mismos que contribuyeron a su implantación una vez perdieron unas elecciones (éstas sí, generales) y tuvieron que dejar paso en el Ejecutivo a unas derechas a las que negaban cualquier legitimidad para gobernar; de ahí las revoluciones (golpistas) de 1934 en Asturias y Cataluña contra un Gobierno de centro-derecha (radical-cedista) que, paradójicamente, y pese a su carácter no republicano en esencia, tuvo que encargarse de defender la legalidad republicana. Y de aquellos polvos, vinieron posteriores y trágicos lodos.

- Cabe recordar, por tanto, que en aquella ocasión, con motivo de la proclamación de la Segunda República, no fueron los españoles en las urnas quienes decidieron el rumbo a seguir tras la marcha del Rey: quienes tomaron el poder en esos momentos basándose, insisto, en hechos consumados, no les dejaron votar, al menos para decidir la forma de Estado. Se limitaron a interpretar 'a su manera' los resultados de unas elecciones que se celebraron solo para elegir concejales y que, además, en realidad perdieron los republicanos. He aquí la legitimidad democrática de origen del ejemplo histórico a seguir de la izquierda antisistema. Lo cual, teniendo en cuenta sus actuales faros del mundo, no es en absoluto de extrañar.