jueves, 11 de febrero de 2016

MENOS LOBOS, PEDRO SÁNCHEZ

Se permitió afirmar el estadista Sánchez en una entrevista en Radio Nacional de España que en el PSOE (en su PSOE) no son de líneas rojas, sino de 'firmes convicciones'. Tan es así, cabría añadir, que lo mismo le da pactar con la ultraizquierda chavista de Podemos que con 'la derecha civilizada' (según definición suya) de Ciudadanos, buscar el acuerdo con un PNV que le exige las competencias en materia penitenciaria (esto es, el control de los presos de la ETA) que cederles senadores a los independentistas catalanes por si es menester su apoyo en forma de abstención... Y tan seguro de sí mismo que se viste de una forma u otra en función de si tiene o no previsto encontrarse con su íntimamente admirado (y temido) Iglesias Turrión, cuya sola presencia parece generarle unos complejos dignos de una tesis psicológica.

Sí que hay que reconocerle al estadista una sola convicción, y muy firme: todo es asumible menos hablar siquiera con el PP, por mucho que haya ganado las elecciones generales y le haya sacado a él mismo 33 escaños y 1,7 millones de votos más... o quizá precisamente por eso.

Además, el señor candidato está tan crecidito con sus 90 escaños (frente a los 110 de Rubalcaba), su 22% de los votos (frente al 29% de su antecesor) y su cuarto puesto en Madrid que se permite hacerse el ofendido porque el presidente del Gobierno en funciones decida reunirse antes con Albert Rivera que con él. Cabe recordarle al todavía líder del PSOE que al primero que recibió Rajoy en La Moncloa tras el 20-D fue a su augusta persona; que, empero, tuvo a bien rechazar la mera posibilidad tan siquiera de empezar a hablar de pacto alguno, y con muy malos modos por cierto. Encima, y tras negarse después, y en 17 ocasiones, a establecer el más mínimo diálogo con quien le ha ganado claramente las elecciones, no le convoca hasta que tiene lugar su ronda de entrevistas para buscar apoyos a su investidura... y en ultimísimo lugar.

No estaría de más que alguien le recordara, o puntualizara, a Pedro Sánchez que el Rey no le ha nombrado 'digitalmente' presidente del Gobierno para que el Congreso se limite a ratificarle y/o aclamarle, sino que, como corresponde a nuestro sistema de Monarquía parlamentaria, le ha propuesto como candidato para que los representantes de la soberanía nacional decidan o no elegirle Jefe del Ejecutivo. Así que menos lobos, Caperucita.

Eso sí, los que desde hace tantos años se la tienen jurada a su denostado Mariano por no conseguir de él ciertas prebendas que esperaban o demandaban, continúan inasequibles al desaliento: es de aurora boreal que algunos que presumen de irreductibles defensores de las esencias de la derecha auténtica aboguen por facilitarle a semejante liderzuelo de tan poca monta su camino a La Moncloa, y para más inri apelando a los intereses de España. Pero el antimarianismo mediático es así de furibundo, y debe ser que sus promotores y portavoces tienen un concepto tan alto de nuestra nación que consideran que lo aguanta todo; porque, claro, ya que ha sobrevivido al mismísimo Zapatero (al que Sánchez se empeña en hacer bueno, por cierto)... En fin.

Sea como fuere, y mostrando una humildad de la que el aspirante socialista carece (y eso que todavía no ha llegado a La Moncloa), Rajoy, tras su reunión con Rivera, acudirá al Congreso a entrevistarse con Sánchez. Y muy a pesar de que el estadista socialista no querrá saber absolutamente nada de ninguna coalición que incluya al PP o que, por supuesto, no presida él, ni de los cinco pactos de Estado ya propuestos al líder de Ciudadanos. Aunque la que será respuesta final del presidente del Gobierno en funciones a la pretensión del candidato de liderar el Ejecutivo apoyándose en una frágil coalición de perdedores ha de ser también tan previsible como clara y rotunda: no.