miércoles, 3 de febrero de 2016

INVESTIDURA DE SÁNCHEZ: O FRACASO, O BARCOS SIN HONRA

No hubo sorpresas en la comparecencia de Rajoy tras su reunión con el Rey: declaró que sigue apostando por un Gobierno surgido de un pacto constitucionalista entre PP, PSOE y Ciudadanos (y presidido por el PP como partido más votado), pero que todavía no tiene los apoyos necesarios para presentarse a la investidura, y así se lo hizo saber al Jefe del Estado. Aun así, mantiene su candidatura para un llamamiento en una próxima ocasión. No le quedaba, pues, otra salida a Felipe VI que proponer a un muy dispuesto Pedro Sánchez como candidato a la presidencia del Gobierno.

De tal forma que Rajoy ha conseguido su objetivo estratégico, trazado a partir de su renuncia a someterse a la inútil y contraproducente erosión de un debate de investidura irremisiblemente perdido: el mismo consiste en trasladarle toda la presión a un PSOE ya de por sí agitado y, a su vez, situar el foco sobre el líder socialista y los controvertidos (en unos casos imposibles; en otros, vergonzantes) apoyos que necesita y da a entender que tiene; y que a partir de ahora no le quedará más remedio que buscar, explicar y justificar, con el consiguiente desgaste que ello le puede acarrear. Veremos cómo se desenvuelve el estadista ante el pulso planteado.

Sea como fuere, he aquí las distintas fórmulas de pacto que explorará el candidato estrepitosamente derrotado en las urnas pero recién propuesto a la investidura como presidente del Gobierno (que, puesto que ha dado sobradas muestras de que le da igual ocho que ochenta, son variadas, pero que pueden resumirse a grandes rasgos en tres):

- Coalición 'tripartita' PSOE-Podemos-Ciudadanos.- Se antoja imposible y absurda, ya que tanto los de Iglesias Turrión como los de Rivera han rechazado cualquier tipo de acuerdo en el que estuvieran presentes ambos partidos, por evidente incompatibilidad de ideologías, programas y hasta modelos de sociedad.

- Coalición PSOE-Ciudadanos con la abstención del PP.- Inverosímil que el PP, que por otra parte ha dejado claro que no apoyará a otro candidato que no sea Rajoy, se preste a semejante enjuague, máxime tras el olímpico desprecio del que ha sido objeto por parte de Pedro Sánchez (al que también debería repugnarle el hipotético apoyo indirecto de un partido al que ha llegado a situar al mismo nivel de rechazo que a Bildu).

-Coalición PSOE-Podemos-IU, que necesitaría el voto a favor o la abstención (esto es, el apoyo directo o indirecto) tanto del PNV (que ya ha pedido el 'derecho de autodeterminación' de 'la nación vasca' como contrapartida) como de alguno de los partidos nacionalistas abiertamente independentistas (ERC, la antigua Convergencia, incluso los proetarras bildutarras).- Es sin duda el pacto de su preferencia, pero que choca frontalmente con las 'líneas rojas' establecidas por el Comité de su partido y los llamados 'barones' (además de la 'vieja guardia'): ni bajadas de pantalones ante el populismo chavista (socio al que, en cualquier caso, la baronesa Susana 'no ve' como tal), ni ningún tipo de acuerdo con los que pretenden romper España. Le queda el recurso anunciado de escudarse en una militancia supuestamente más proclive a los frentes 'anti-PP', lo que en cualquier caso supone un ardid con serio riesgo de dinamitar a un PSOE ya de por sí convulso (como quedó de manifiesto en el último Comité Federal).

Por tanto, todo indica que el candidato perdedor a la presidencia del Gobierno terminará, bien fracasando y estrellándose en su búsqueda de pactos, lo que parece resultar más evidente en las dos primeras hipótesis planteadas, bien saliéndose con la suya en el tercer supuesto apuntado, pero perdiendo toda la dignidad ('más vale honra sin barcos que barcos sin honra', como decía el Almirante Méndez Núñez) cuando no incurriendo en deslealtad al sistema constitucional y la soberanía nacional; y, encima, con los líderes regionales y 'morales' de su partido con la mosca detrás de la oreja.

Tendrá que retratarse por fin, en cualquier caso. Es de lo que se trata. Al fondo, espera Rajoy. O las urnas, de nuevo.