jueves, 14 de enero de 2016

TENÍAN QUE DAR LA NOTA


Se antoja francamente difícil dada la actitud hasta ahora irresponsable y sectaria del todavía secretario general del PSOE, dispuesto a llegar a La Moncloa no importa cómo y con quién, pero quién sabe: esperemos que la generosidad y altura de miras empleadas para acordar la elección del presidente del Congreso de los Diputados y, por consiguiente, de las Cortes Generales del Reino, se trasladen también al momento de investir al presidente del Gobierno de la nación en la actual coyuntura crítica para España. Sea como fuere, don Francisco Javier López Álvarez, conocido como 'Patxi' López, debería tener presente que el mismo partido sin cuyo apoyo no hubiese llegado a ser el primer y hasta ahora único lehendakari constitucionalista de la democracia, el PP (algo que, por cierto, jamás le agradeció, bien al contrario), ha hecho posible con su abstención 'activa' que le quepa el inmenso honor de encarnar tan alta magistratura, ni más ni menos que la tercera autoridad de la nación. Es la primera vez desde la transición que quien preside la sede de la soberanía nacional no milita en el partido que ha ganado las elecciones generales, pero todo sea por el bien de España y nuestra democracia.

Así pues, en la sesión constitutiva de las Cortes, y tal y como estaba previsto, Patxi López salió elegido presidente del Congreso por mayoría simple y en segunda vuelta, gracias a los votos de los diputados del PSOE y de Ciudadanos y la abstención de los del PP. Por su parte, Pío García Escudero volverá a presidir el Senado merced a una mayoría absoluta, la del PP, que como tal se impuso ya en primera vuelta. Pero no fue una primera sesión parlamentaria, la de la XI legislatura, exenta de sorpresas y algún que otro sobresalto: por desgracia, la minoría antisistema formada por el populismo chavista y los nacionalismos separatistas, que tanto montan montan tanto en su aversión a la España constitucional surgida de la transición y, en general, al parlamentarismo burgués-liberal, bien se encargó de dejar clara su condición: primero, al intentar transformar un solemne acto de la democracia representativa en un circo (porque todo vale para lograr captar la atención de los medios en un hemiciclo de 350 diputados y asegurarse las fotos y los titulares, desde llegar acompañados de una comparsa musical hasta ocupar tu escaño con tu niño en brazos); y, después, haciendo uso de grotescas fórmulas de acatamiento, en realidad una distinta por cada uno de los 69 representantes 'podemitas', a una Constitución que pretenden demoler, y en comparación con las cuales las promesas 'por imperativo legal' propias de los proetarras han pasado a ser expresiones respetuosas con los hábitos institucionales.

Pero tenían que dar la nota quienes, adoptando modos degradantes e incluso descorteses, buscan en el fondo desprestigiar los usos parlamentarios y, en general, una democracia liberal en la que no creen y que pretenden horadar. Luego, que nadie se llame a engaño a la hora de buscar aliados supuestamente 'progresistas'.