sábado, 23 de enero de 2016

LA ENVOLVENTE DE MARIANO

Los 'anticasta', los del partido de 'la gente', no han tenido empacho alguno en exhibir sus deseos de pisar moqueta ya. Porque claro, ven que la ocasión la pintan calva dado que el estadista Sánchez se halla dispuesto a tragar carros y carretas con tal de llegar a La Moncloa. Si ni la Constitución, ni la soberanía nacional del pueblo español, ni la unidad de España son obstáculos, ¿por qué iba a serlo que entren los amigos de la teocracia iraní y la tiranía venezolana a dirigir Ministerios del Gobierno de España? Y si, además de la vicepresidencia que se reserva el Mesías Iglesias (con el CNI incluido), pueden hacerse con departamentos 'clave' para hacerse con los resortes del Estado como el de Interior o el de Defensa, miel sobre hojuelas: ya enseñó Lenin el camino de conquista del poder ('tomar el cielo por asalto') sin necesidad de ganar unas elecciones, que no deja de ser un prejuicio típicamente burgués y liberal. Además, se repetiría la historia y la socialdemocracia ejercería un dignísimo papel de 'tonto útil', calificativo que desde el punto de vista político le cuadra perfectamente a su actual líder en España.

Así pues, se reputaba irremisible un Gobierno con Ministros de la extrema izquierda chavista, para más inri sostenido por los partidos que quieren romper España. Y daba la impresión de que la única esperanza para que semejante ignominia no tuviera lugar es que a Sánchez le conminaran, no ya a que no se allane a las pretensiones de unos separatistas con los que hace manitas, sino que no permita que, encima, le hagan el Gobierno. Y tal parece que precisamente las exigencias del Mesías Iglesias, respondidas de manera muy pacata por el aludido, pudieran provocar el inicio de un cambio de panorama, ya que por fin se han alzado ciertas voces hasta ahora soterradas en el PSOE: máxime cuando en un Ejecutivo con Ministerios y otros altos cargos 'podemitas' el poder se vería seriamente recortado y, sobre todo, habría muchos menos puestos que ofrecer y repartir.

Pero lo que no esperaba el 'filoportugués' secretario general del PSOE es que, encima, le acorralaran con una envolvente. Porque tras el golpe de efecto de Iglesias Turrión, apareció en escena Mariano Rajoy con un órdago a la grande, que ha pillado a todos con el paso cambiado. El presidente del Gobierno en funciones declina la propuesta del Rey de presentarse a la investidura, pero sin renunciar a su candidatura. Se trata de un alarde de estrategia política de un profundo conocedor de la normativa parlamentaria y constitucional, con el que pretende ganar tiempo y trasladarle la presión al PSOE. Obviamente, y tal y como se encargó de explicar él mismo, someterse a la investidura en condiciones tan adversas hubiera supuesto un ejercicio de desgaste inútil y contraproducente, por lo que esta retirada táctica propiciará que el Rey, como ya ha anunciado, haga una nueva ronda de consultas en la que el foco se situará sobre Pedro Sánchez, los vergonzantes apoyos que necesita y parece que tiene (y que tendrá que explicar y justificar) y la polémica que ya de hecho se ha generado en el seno del PSOE: las humillantes exigencias del Mesías Iglesias no han tardado en obtener el rechazo en público de conspicuos representantes del socialismo español, desde Leguina a Fernández Vara, pasando por Rubalcaba.

Tras esta jugada maestra del presidente Rajoy, cuya indiscutible categoría politica se sigue empero minusvalorando, a Pedro Sánchez, de momento descolocado y desorientado, no le va a quedar más remedio que retratarse: ante los suyos y ante la opinión pública en general. Veremos si se atreve a continuar procediendo con tan altas dosis de indignidad como hasta ahora.