miércoles, 27 de enero de 2016

LA CORRUPCIÓN COMO COARTADA FARISEA

Los casos de corrupción y su tratamiento mediático, que junto a la adopción de medidas impopulares contra la crisis han constituido una verdadera 'tormenta perfecta', han sido, y continúan siendo, un auténtico lastre para el PP; y muy a pesar de que el de Rajoy ha sido el primer Gobierno que ha legislado en serio sobre la materia, y quizá el que más empeño ha empleado en su lucha (porque, cabe insistir, tanto la Fiscalía como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son Gobierno). Eso sí, otro gallo hubiese cantado si la dirección del partido hubiese procedido con tanta contudencia como estos días en la asunción de responsabilidades políticas. Pero también es justo resaltar que el señor Rus, como otros implicados en la última redada policial en Valencia, hace tiempo que dejó de militar en el PP (al igual que, por ejemplo, los tan mentados Rato y Bárcenas), y que los que no lo estaban han sido dados de baja del partido fulminantemente.

Desde luego, no se suele actuar con semejante celeridad y firmeza con los imputados (o investigados) de otros partidos, como es el caso sangrante de la formación acaudillada por aquel Mesías que viene a 'regenerar' la vida política (pese a acusaciones de delitos de especial gravedad, como contra los derechos y libertades individuales por parte de la 'asaltacapillas' Rita Maestre): a los que no solo se les cesa, sino que se les defiende públicamente; e incluso se incluye en listas al Congreso de los Diputados a quienes han sido acusados de fechorías tales como agresiones físicas, abusos sexuales o tráfico de drogas... y que ahora se sientan en escaños para ignominia de la sede de la soberanía nacional (aunque siempre se les puede presentar como víctimas del 'sistema', claro). Y si nos paramos a enumerar los casos de nepotismo (que no es sino una forma grave y flagrante de corrupción política) en aquellos ayuntamientos regidos por la 'anticasta', este artículo necesitaría mucho mayor espacio. 

Sin embargo, a Pedro Sánchez, amén de ver la paja en el ojo ajeno (del PP) y no los ERE en el suyo, a la vez que le repugna tan siquiera sentarse a hablar con Rajoy y el PP, no muestra escrúpulo alguno en procurarse como compañeros de viaje a los chavistas irredentos: porque, asevera además, 'los votantes de PSOE y Podemos no entenderían que Iglesias y yo no nos pusiéramos de acuerdo'; y si hay que perder la dignidad, todo sea por el bien supremo de habitar La Moncloa. Y viceversa: los puros e impolutos de la 'nueva política' no tienen empacho alguno en llegar a pactos, no con un partido imputado o investigado (condición, por cierto, que, a tenor del mismo auto del juez, se atribuye falsamente al PP), sino con uno que ha llegado a ser condenado en sentencia judicial firme por financiación irregular (el PSOE por el caso Filesa); aunque, claro, qué autoridad moral pueden aducir los que obtienen financiación de la teocracia iraní y la tiranía venezolana, algo que tampoco provoca reparo ético alguno en quien aboga por tenerlos como socios de Gobierno.

Y, desde luego, no muchos argumentos tienen para ponerse estupendos con el PP y Rajoy los mismos que respaldan en Andalucía, no solo al partido de los ERE, la mayor y más desvergonzada trama de corrupción de la democracia, sino a la presidenta que estuvo en primera línea de los Gobiernos que la pergeñaron. Aunque cierto es que a Ciudadanos y Albert Rivera no cabe reprocharles su comportamiento en estos momentos tan delicados para España, al menos hasta ahora. Pero, para otros, la corrupción no es más que una coartada farisea para justificar e incidir en su proceder irresponsable, basado en la búsqueda del poder a cualquier precio y por encima de los intereses generales de la nación.