martes, 8 de diciembre de 2015

SOBRE EL DEBATE 'A CUATRO'

Si de lo que se trataba era de acumular el mayor número de patinazos posible, y cuanto más monumentales mejor, sin duda que el indiscutible vencedor del debate 'a cuatro' de Atresmedia fue Iglesias Turrión; solo así se puede explicar que, descontando a su ejército de adeptos en redes sociales, haya quien le proclame ganador (siquiera 'moral') de la tenida. He aquí sus momentos de gloria: que Jordi Sevilla trabajó en el 'House Water Watch Cooper' (?); que los andaluces votaron en 1977 ¡si salían o no de España! (cuando lo que tuvo lugar en Andalucía fue un referéndum del Estatuto de Autonomía, y, por cierto, en 1980); que el Partido Popular se había convertido en una fuerza marginal en Cataluña (cuando en las últimas elecciones autonómicas catalanas logró exactamente los mismos escaños, 11, que su 'marca' catalana); y casi volvió a insinuar que la solución al problema de Cataluña pasa por ver la película 'Ocho apellidos catalanes'. Semejantes meteduras de pata hubiesen sentenciado para los restos a cualquier candidato de la llamada 'vieja política', pero sabido es que con los representantes de la 'nueva' no se es tan exigente, sobre todo desde determinados medios.

Pero la coincidencia es casi general: la ganadora fue indiscutiblemente la vicepresidenta del Gobierno y número dos de la lista del PP por Madrid, Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo dominio de todas las materias tratadas en el debate abrumó a sus tres contrincantes. No rehuyó el cuerpo a cuerpo, en el que se defendió muy bien (a propósito de la corrupción, el verdadero 'hándicap' del PP en estas elecciones, supo aguantar el tipo), y resaltó la recuperación económica y la creación de empleo, los principales méritos del actual Gobierno, haciendo uso de un discurso realista que podría sintetizarse en una eficaz 'idea-fuerza' que lanzó ya en su primera intervención: 'hemos hecho lo más difícil en el momento más complicado'. Albert Rivera, experto en estas lides, estuvo correcto, pero quizá se esperaba un poco más de alguien que tantas expectativas está despertando: no logró superar a Soraya, posiblemente el objetivo que se había marcado. Y Pedro Sánchez, más allá de un par de golpes dialécticos propinados al candidato de Podemos, fue la pura imagen del querer pero no poder: debió arriesgar más para intentar remontar en unas encuestas radicalmente adversas.