miércoles, 7 de octubre de 2015

¿HAY RAZONES PARA VOTAR AL PP... Y A RAJOY?

Al calor de unos magros resultados en unas elecciones tradicionalmente adversas para el PP y la consiguiente bronca de quien lleva tiempo ejerciendo de 'conciencia crítica', ciertos intrigantes seudomediáticos y conspiradores de salón (en realidad, los de siempre, los que se la tienen jurada desde hace tiempo por no haber logrado de él lo que pretendían) intensifican sus movimientos para descabalgar al presidente bajo cuyo mandato España está superando la peor crisis económica de la historia reciente. Aunque ahora resulta que, según dictamina el inefable y furibundo antimarianismo mediático, nuestra economía tampoco va bien, pese a crecer por encima del 3 por ciento cuando casi ayer mismo estábamos en recesión, y además crear la mitad del empleo de toda la Unión Europea: esto es, unos números que con Aznar indicaban un 'milagro económico' sin precedentes, con Mariano no son más que fruslerías. Es que ya ni la mejoría económica (que el español medio empieza a notar según el último índice de confianza del consumidor, que también bate récords) le reconocen, y menos aquellos supuestos irreductibles guardianes de las 'esencias' de la derecha más pura; a los que, sin embargo, no les importa poner en un brete la candidatura del PP a la presidencia del Gobierno a apenas dos meses de las elecciones generales, y con ello generar una inestabilidad en la derecha política que allane el camino de las izquierdas hacia La Moncloa. Pero todo vale con tal de cargarse a Mariano, hasta poner en riesgo la recuperación y la estabilidad política y económica.
 
Porque, insisten algunos, Mariano es un traidor a los ideales y principios clásicos liberal-conservadores del PP y, desde el Congreso de Valencia, se ha dedicado a 'depurar' a aquellos que mejor los defendían y representaban; pese a, por ejemplo, haber presentado como candidatos en elecciones tan recientes e importantes a militantes ilustres, y de ideas tan claras y firmes, como Esperanza Aguirre y Xavier García Albiol (quienes, por cierto, y con ser apreciables sus resultados, no lograron movilizar al 'votante-tipo' de la derecha en la medida esperada). Sea como fuere, y reconociendo que a uno le hubiese gustado que el PP actual hubiese llevado a cabo una política de mayor impronta liberal, medidas como la flexibilizadora (y liberalizadora) reforma laboral (que tan magníficos efectos está reportando), la liberalización del comercio y del transporte, leyes como la de unidad de mercado o la de desindexación de la economía española, las últimas bajadas de impuestos en virtud de las cuales se han situado de media por debajo de como estaban con Zapatero (tras subirlos, eso sí, ante la urgencia de reducir el déficit público, objetivo que se está logrando), la rebaja del gasto público hasta representar solo un 43,6% del PIB (sensiblemente por debajo de la media de la Unión Europea, que se sitúa en el 48,1%), la reforma de las Administraciones Públicas que ha supuesto un ahorro de casi 30.000 millones de euros y la eliminación de más de 2.000 organismos y empresas públicas..., no parece que sean muestras de una ejecutoria contraria a los fundamentos económicos de un PP liberal. 

Respecto a los principios ideológicos, o incluso los llamados 'éticos', y habiendo criticado que, por ejemplo, la reforma de la ley del aborto se haya convertido en 'minirreforma', y que la de la Justicia no haya incluido el cambio de sistema de elección de los jueces y magistrados del Consejo General del Poder Judicial, no cabe considerar traiciones las medidas legales que por primera vez en la democracia se han tomado contra el que es el principal lastre electoral del PP junto a las impopulares políticas 'anticrisis', esto es, la corrupción (como tipificar como delito la financiación irregular de los partidos políticos, o exigir legalmente al que se apropie de dinero público que devuelva lo robado); tampoco la reforma educativa que se conoce como LOMCE (que aunque, cierto es, podría haber sido más ambiciosa, elimina el adiestramiento en las aulas y destierra la nefasta filosofía 'logsiana' al poner en valor el esfuerzo y la motivación y reforzar la autoridad del profesor); y ni muchos menos la Ley de Seguridad Ciudadana (que impide que se utilice el derecho de manifestación como parapeto de actitudes violentas, o que dota de cobertura legal a la Guardia Civil en su lucha contra la inmigración ilegal en las fronteras), o la reforma del Código Penal (que, por ejemplo, implanta la prisión permanente revisable para crímenes de especial gravedad, una de las demandas más extendidas en el electorado, especialmente en el que vota al PP). 

Ahora bien: que algunos presenten a Ciudadanos, un partido de centro-izquierda socialdemócrata (que así mismo se declara), como el que va a recuperar ciertos valores eternos de la derecha de toda la vida, es ciertamente de aurora boreal. Como resalta la profesora Edurne Uriarte en su blog en ABC: 'Desempolva Rivera el viejo concepto acomplejado, también lo del centrismo que tanto ha usado la derecha para no pronunciar la palabra derecha, y hay un ahhhh, un ohhhh generalizado'. La de sopapos que le dieron en su momento a Aznar, por cierto los mismos que ahora le consideran como la verdadera personificación del 'macizo de la raza', cuando empezó a definir al PP como 'centrista'. Y lo que le llovería a Mariano si se pronunciara en el mismo sentido. Pero Rivera, además de ser más joven y guapo que Rajoy, es el asidero al que se agarra ahora cierta derecha antimarianista que, en último término, demuestra adolecer justamente de la misma tara que le reprocha al PP actual: la de ser una derecha tan vergonzante que intenta ocultar su verdadera condición; en este caso, apoyando a un líder político con halo de 'progresismo'. Porque muchas veces los políticos no son más que reflejo de su propio electorado.

En conclusión: en el mercado electoral español, y dentro del consenso socialdemócrata vigente, el PP sigue siendo el partido con posibilidades de gobernar u obtener representación política que más se acerca, y de lejos, al liberalismo, o más bien a un liberalismo conservador. Este PP de Rajoy, sí. Razones, por tanto, desde esa perspectiva ideológica, y descontando antipatías, rencores y hasta fobias de índole más bien personal, hay para votarle.

2 comentarios:

Jose Antonio A dijo...

Muy acertado como siempre Pedro en tus comentarios. Con tu permiso lo comparto.

Pedro Moya dijo...

Por supuesto, José Antonio. Y muchas gracias.