martes, 20 de octubre de 2015

A VUELTAS CON EL ANTICLERICALISMO DEL PSOE

Constitución española, artículo 16, apartado 3: 'Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española (por lo que nuestro Estado no es laico, sino aconfesional) y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica (de ahí los acuerdos con la Santa Sede que, lejos de representar una reminiscencia del franquismo, fueron firmados el 3 de enero de 1979, esto es, en la España ya democrática y constitucional y en virtud de su ratificación por unas Cortes salidas de las urnas) y las demás confesiones (así, los acuerdos de cooperación con las iglesias evangélicas y las comunidades judía y musulmana, fechados en 1992)'.

Constitución española, artículo 27, apartado 3: 'Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones (por lo que en los centros de enseñanza públicos se ha de impartir asignaturas de religión a libre elección de los padres, y por supuesto no impedir ni limitar que se haga lo propio en los centros privados)'.

¿O quizá esa maravillosa y cuasi-mágica reforma constitucional que el PSOE de Sánchez propugna pero no concreta incluiría la revisión de estos preceptos de nuestra Carta Magna, para lo cual necesitaría de un muy improbable consenso con su denostado (entre otras razones, por 'clerical') PP? ¿O más bien pretendería convertir a España en 'Estado laico' a golpe de Decreto y por medio de hechos consumados? En realidad, llueve sobre muy mojado: siempre que el PSOE se ha visto en apuros o bajo la necesidad de movilizar a su electorado más escorado a la izquierda, echa mano de uno de sus dos mantras favoritos (o de ambos a la vez): bien de un antifranquismo retrospectivo, bien de un anticlericalismo gastado y rancio. Véase Alfonso Guerra en sus tiempos de furibunda oposición, véase Zapatero en su declarada búsqueda de 'generar tensión'.

Eso sí: al final, y siempre a la hora de la verdad, mucho ruido y pocas nueces.

2 comentarios:

La Pecera dijo...

Escueto y excelente análisis.

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias, Juan Antonio.