lunes, 27 de julio de 2015

SEPARATISMO Y ULTRAIZQUIERDA, TODOS A UNA

El frente secesionista catalán, que acaudilla una Convergència que, al menos hasta ahora, se tenía como partido burgués y defensor de la propiedad privada y la economía de mercado, se encomienda para encabezar su lista electoral conjunta a una grotesca imitación de Varoufakis (con su rapado al cero y su cuerpo de gimnasio y todo): nada menos que a Romeva, un 'rojiverde' de ultraizquierda que dejó en el Parlamento Europeo perlas tales como exigir sanciones a un futbolista del Real Madrid o alertar sobre una inminente invasión del Ejército español a Cataluña con motivo de unas maniobras aéreas. El nacionalismo separatista catalán se agarra como clavo ardiendo al reclamo electoral del populismo antisistema y sus modos esperpénticos, que sin ir más lejos logró en la mismísima Barcelona obtener el mayor número de votos. Aunque difícilmente se puede hacer más el ridículo.

Sea como fuere, no es ningún secreto que el nacionalismo independentista y la extrema izquierda antisistema llevan tiempo uniendo fuerzas para intentar acabar con el enemigo común: la España unida y constitucional de la vigente Monarquía parlamentaria, lo que llaman 'el régimen del 78'. Unos, para destruir su unidad como nación; otros, para cambiar radicalmente el actual sistema político surgido del consenso nacional con el fin de que media España vuelva a imponerse sobre la otra media. Así, a ese frente separatista recientemente formado en Cataluña por Convergència, ERC e insignes antisistema, entre ellos quien liderará la lista, hay que sumar el pacto entre PNV, Podemos y Bildu (al que llegó a sumarse inicialmente el PSOE) para echar al PP de la Alcaldía de Vitoria; y, cómo no, los harto indicativos acuerdos entre nacionalistas provascos, bildutarras y podemitas en Navarra (que contaron con la vergonzante abstención de los socialistas navarros, por cierto) por los cuales Pamplona tiene un Alcalde proetarra y la Comunidad Foral un Gobierno partidario de la anexión navarra al País Vasco y cuya Consejería de Interior está en manos de... los proetarras de Bildu. Y tan panchos.

Por su parte, la insigne escracheadora Ada Colau, que ha llegado a la Alcaldía de Barcelona logrando tan solo 11 de los 41 concejales de la corporación municipal, ha entrado en el Ayuntamiento de la Ciudad Condal muy a su estilo: como elefante en cacharrería, y como si la casa que es de todos los barceloneses pasara a ser de su propiedad. Como no le gustan los símbolos monárquicos dado que ella es una republicana pero de las bananeras, tipo Cuba o Venezuela, ha tenido a bien retirar del salón de Plenos un busto del Rey Emérito don Juan Carlos I; quien bien es cierto que tanto hizo por que en España tengamos un sistema democrático (porque tal carácter ostenta la Monarquía parlamentaria) perfectamente homologable al de cualquier país de la Unión Europea (bajo el cual, sin ir más lejos, y pese a denostarlo tanto, ella misma ha conseguido ser nada menos que Alcaldesa de una gran ciudad), pero de lo que se trata es de reescribir la historia para hacer oficial una única versión revanchista, hacer tabla rasa y acabar con la reconciliación política surgida del que descalifican como 'régimen del 78': un bando, el de los que se consideran herederos del Frente Popular del 36, ha de tomarse cumplida venganza de un pasado adverso y 'vencer' definitivamente y por las bravas. Y si en pos de ese objetivo se han de cometer desacatos, y hasta desobedecer las leyes tal y como avisó la misma interfecta, se hace y punto.

Insisto: nada que, viniendo de la extrema izquierda, nos debería extrañar. Sí que un partido como el PSOE, que se tenía hasta ahora como soporte del régimen constitucional y garante de la estabilidad institucional, lleve al poder a semejantes sediciosos. Pero, claro, Pedro Sánchez no ve otra manera de llegar a La Moncloa que pactando con quienes pretenden socavar el sistema constitucional. Aunque, tranquilos, que bastará con aplicar su brillante, providencial y milagroso proyecto de 'federalismo que todo lo cura' para que hasta esos gamberretes levantiscos se conviertan de repente en ejemplares y respetuosos ciudadanos. Quién sabe si incluso se transmutarán en monárquicos convencidos. Y, sin duda, iguales efectos balsámicos provocará en los nacionalistas secesionistas, a los que hará, y de la noche a la mañana, unos defensores a ultranza de la unidad de España.

Que hasta ahora no se le haya ocurrido a nadie tan magnífica solución para preservar nuestro sistema democrático y de libertades de quienes persiguen su destrucción... Bastaría con calificar de 'federal' al actual Estado autonómico, cuyos aspectos y componentes federalizantes superan ya de por sí a los típicos Estados federales, para contentar e incluso 'integrar' a los separatistas y a la ultraizquierda antisistema. Un genio este Pedro Sánchez, a la altura de los adanismos políticos tan en boga ahora.