lunes, 6 de julio de 2015

LA PUERTA DE SALIDA PARA TSIPRAS

Nunca me he creído las encuestas que, aunque con escasísimo margen, pronosticaban una victoria del 'sí' en el referéndum 'express' planteado por el trilero Tsipras: la demagogia, de cuyo peligro como degradación de la democracia alertaba Aristóteles, el Estagirita, en la mismísima Grecia, hace tiempo que ha calado, y de qué manera, en un electorado griego que, sin ir más lejos, hace apenas unos seis meses votó mayoritariamente a una coalición de partidos populistas y antisistema. Por tanto, lo normal era que, a pesar del 'corralito', las colas que comienzan a extenderse de los bancos a los hipermercados y otras severas restricciones, típicas consecuencias de las políticas populistas y antieconómicas (pero que buena parte del votante griego, siguiendo la propaganda de su Gobierno, atribuye a la malvada 'Troika'), ganara el 'no', y de calle. No es, desde luego, la primera vez que un pueblo decide en las urnas dar firmes pasos hacia el suicidio colectivo: también la historia demuestra que las situaciones desesperadas suelen ser las más propicias para emprender semejante deriva.

Tsipras recibió una primera y significativa felicitación por su indiscutible triunfo: la de la insigne 'ultra' y eurófoba Marine Le Pen, que ha aplaudido el resultado del referéndum. Sea como fuere, ha quedado meridianamente claro que una amplia mayoría del electorado heleno respalda a su Gobierno en su pretensión de no cumplir sus compromisos adquiridos con quienes le financiaron bajo expresa petición suya; esto es, de no devolver lo que debe y no atenerse a unas normas derivadas de su pertenencia a una unión económica y monetaria de la que, empero, se resiste a salir con tal de seguir viviendo de prestado. Pues bien, el resto de la Unión Europea, compuesta por naciones igualmente soberanas y que, además, sí cumplen, no debería permitir que infringir los acuerdos y contratos, lejos de penalizarse, hasta obtenga recompensa. Sentaríamos un precedente indeseable y muy peligroso en un espacio político y económico que tiene a la seguridad jurídica como uno de sus valores fundamentales.

En suma: al socio de un club que quiera continuar disfrutando, no solo de derechos, sino de beneficios y privilegios pero sin asumir ningún deber, coste ni obligación se le debe enseñar la puerta de salida. Y sin excepciones.