viernes, 17 de abril de 2015

PESE A TODO, EL 'SISTEMA'

El implacable devenir de los acontecimientos ha acabado poniendo de manifiesto un doble acierto de Aznar con respecto a Rato: primero, cuando le nombró vicepresidente de su Gobierno y, sobre todo, Ministro de Economía, en cuyo cargo se mostró como eficaz y hasta brillante gestor y ejecutor de su política económica (que reportó unos magníficos resultados); y después, cuando se decidió por la elección de Rajoy como su sucesor al frente del PP y en detrimento suyo: sus razones, en forma de oscuros intereses personales y patrimoniales, parecía tener (si bien en un principio parece ser que le ofreció tan suculenta herencia y sin embargo la rechazó, de lo que posteriormente, y ya demasiado tarde, se arrepentiría).

Sea como fuere, el registro y la detención, siquiera por unas horas (y sin que tenga que dormir en la cárcel), de quien fuera nada menos que vicepresidente del Gobierno, director del Fondo Monetario Internacional y presidente de una conocidísima entidad bancaria, supone una nueva demostración de que los resortes del imperio de la ley, del tan denostado 'sistema', continúan desempeñando su cometido de investigación y persecución del delito y el fraude, afecte a quien afecte. En consecuencia, bien podría formularse la siguiente pregunta: ¿cómo es posible que se le someta a semejante trato a todo un preboste del poder político y económico bajo un ‘sistema’ que, según sobre todo la ultraizquierda que aspira a gobernar (y cambiar de régimen), se erigió por y para ‘los poderosos’ (‘la casta’), en una democracia ‘de ficción’ como la surgida de la Constitución del 78 (‘el candado’); además de que, por ejemplo, toda una Infanta de España, hija de Rey y hermana de Rey, se vea finalmente en la obligación de sentarse en el banquillo? Ni más ni menos, porque la nuestra es una democracia que, con todas sus fallas, poco tiene que envidiar a las del resto de Europa; donde rige un Estado de Derecho basado en la igualdad ante la ley, y en una Justicia que, pese a deficiencias, actúa con independencia.

También resulta harto indicativo que quien es o ha sido un símbolo del buen hacer económico del PP no haya obtenido precisamente trato de favor de un Gobierno de ese mismo partido (al que dejó de pertenecer con motivo del escándalo de las tarjetas 'black', por cierto). Aunque la oposición socialista no pierde ocasión para hacer el ridículo: así, es de aurora boreal pedir la dimisión de Montoro... cuando precisamente ha cumplido con su obligación como Ministro de Hacienda promoviendo las pesquisas y actuaciones de la Agencia Tributaria en este caso; o cuando exige la publicación de la lista de investigados de quienes se acogieron a la llamada 'amnistía fiscal' (investigación que demuestra que no fue tal), pese a que sería flagrantemente ilegal. Desde luego, resulta legítimo, y hasta exigible, que el PSOE intente sacar rédito político y electoral de tamaña conmoción mediática, pero pasarse de frenada y alcanzar niveles tan grotescos no parece la estrategia más adecuada ni para sus propios intereses.