jueves, 2 de abril de 2015

LA OPOSICIÓN DE 'TIERRA QUEMADA' DEL PSOE MURCIANO

Aquí reproduzco un artículo que hoy mismo me ha publicado el diario 'La Opinión de Murcia', en la columna cedida los jueves a 'Ciudadanos Para el Progreso'.

Una democracia no es concebible sin la presencia y labor de una oposición política que controle la acción del Gobierno de turno. Es normal e incluso exigible que quien la ejerce, más que centrarse en presentar soluciones alternativas de gestión política, proceda de manera dura y hasta inmisericorde con el Ejecutivo al que se opone con el fin de contribuir a desgastar política y electoralmente su imagen, y de manera especialmente intensa conforme se vea con menos posibilidades de alcanzar un poder al que aspira legítimamente.

En este menester, insisto, imprescindible en un régimen democrático que, como tal, no debe poner impedimentos a los cambios y alternancias en los Gobiernos si así lo deciden los ciudadanos en las urnas, caben, faltaría más, las denuncias por supuestos o confirmados casos de corrupción, normalmente destapados por la actuación de la Justicia o de los medios de comunicación, el llamado ´cuarto poder´, y la consiguiente exigencia de explicaciones y, en su caso, responsabilidades políticas (la mayor o menor credibilidad que sean capaces de transmitir al electorado es harina de otro costal). También resulta absolutamente lícito emprender una insistente campaña basada en desacreditar (políticamente) a un posible o futuro candidato rival concreto por el hecho de que pueda ser especialmente perjudicial para los intereses electorales de la propia oposición política, y de ahí que incluso pretenda por todos los medios (políticos) evitar tener que competir con él en unos determinados comicios.

Ahora bien, cabe preguntarse si ciertos ´estilos´ de oposición, en lugar de introducir sana competencia política e incluso dotar de transparencia al ´sistema´, bien al contrario son verdaderamente degradantes y hasta contraproducentes: por ejemplo, cuando se hace un uso y abuso constante de los de por sí escasos resortes y medios de la Justicia con una mera intencionalidad de puro desgaste político y hasta personal (a lo que sí se puede llamar con propiedad ´judicializar la vida política´), y a sabiendas de las muy escasas posibilidades de que tales denuncias prosperen; o cuando con tal forma de proceder se pone en duda la competencia, la profesionalidad y hasta la honestidad y honorabilidad de grupos de funcionarios, todos con su oposición sacada y cada uno de su padre y de su madre, a los que se les coloca el sambenito de por vida por el solo hecho de que ´pasaban por allí´ en una tramitación llevada a cabo con todas las de la ley; o cuando, como consecuencia, se genera tal estado de miedo en las instancias administrativas ante el mero paso de estampar una firma que de resultas tenemos una Administración pública todavía más lenta y burocratizada, cuando no directamente paralizada, con los consiguientes perjuicios para los administrados, que no son otros que los ciudadanos, y la marcha regular de la economía en general.

Y, en condiciones normales, qué pensaría cualquiera que creyera en la división, siquiera formal, de poderes, cuando todo un Fiscal Jefe que, como tal, en su cometido de defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley, debería someterse, según la misma Constitución, entre otros, al principio de imparcialidad, sin embargo no tuviera empacho alguno en desempeñar el papel de portavoz de la oposición política, al anunciar en un medio de comunicación la presentación de una querella contra un cargo público, entonces, con firmes aspiraciones a ser candidato a la presidencia autonómica (por la que ahora compite tras ser absuelto judicialmente, por cierto, por enésima vez). Un Fiscal Jefe que, para más inri, saliera fotografiado en un acto político y en comandita con los actuales dirigentes del mismo partido que ejerce esa oposición política.

Pues bien, ambos hechos han tenido lugar en Murcia, sin que hayan trascendido al ámbito nacional ni apenas suscitado reproche ni escándalo mediático alguno por estos lares. ¿La reacción hubiese sido tan tibia si los protagonistas (Fiscal Jefe y oposición) fueran de un color político distinto al que ostentan?

Señores del Partido Socialista de la Región de Murcia: si aplicamos el principio de que en política todo vale, contribuimos a desprestigiar todavía más la que debería ser considerada como una noble actividad de servicio público. Y en cuanto a su estrategia de oposición de ´tierra quemada´, además de dañina, contraproducente y letal para el normal funcionamiento del sistema político de división de poderes y del régimen de Administración pública, les puede terminar perjudicando a ustedes mismos: si algún día logran el Gobierno, heredarán una situación institucional indeseable y propiciada por su mismo ´estilo´ de hacer oposición a costa de lo que sea.