jueves, 9 de abril de 2015

¿ES SOLO LA ECONOMÍA?

Cierto es que a Rajoy y al PP se les votó fundamentalmente para que la economía se reactivara, se volviera a crear empleo y, en suma, para que España saliera de la crisis; y básicamente se ha conseguido, lo que no deja de tener su mérito: los últimos datos, no solo de crecimiento del PIB, sino de reducción del paro y de afiliaciones a la Seguridad Social, que continúan batiendo registros históricos, son significativa muestra de ello. Y muy a pesar de que le nieguen ahora al PP (de Rajoy) cualquier contribución a la recuperación económica los mismos que antes se alarmaban de las escandalosas subidas de la prima de riesgo y responsabilizaban de ello a un Gobierno recién constituido, al que además alguno que otro se permitía instar a pedir un rescate que sí hubiesen conllevado 'recortes' de verdadero infarto, como bien pueden acreditar aquellos países que no tuvieron más remedio que solicitar tan onerosa 'ayuda'.

¿Y cómo es posible que tamaño cambio de tendencia de la situación económica, principal demanda en su momento del electorado, no se refleje ni en las encuestas de intención de voto ni en las elecciones celebradas hasta ahora? Las respuestas a esta pregunta, que sobrevolaba en el ambiente de la última Junta Directiva Nacional del PP, son ciertamente variopintas: desde que la recuperación no ha calado todavía en los españoles, hasta que la gestión de la economía ni lo es todo ni en realidad da tantos votos como se cree, pasando por la conveniencia de poner el acento en los principios o determinados 'valores fundacionales' del partido, supuestamente abandonados. En este último aspecto, si finalmente la reforma de la ley zapaterina del aborto (que la falta de consenso, no con otras fuerzas políticas, sino dentro del mismo PP la han convertido en 'reformita') incluye, además de la obligación del consentimiento paterno para las menores de edad, eliminar la mención de la interrupción del embarazo como 'derecho', será en cualquier caso la prueba del nueve de si aquello que algunos elogian a Rivera se lo aplauden también a Rajoy. O no.

Sea como fuere, si nos referimos a los principios del PP de mayor impronta liberal desde Aznar, no deja de ser verdad que medidas como la reforma laboral (que tan magníficos resultados está reportando) o la de transportes, comercio, unidad de mercado... son liberalizadoras; al igual que las bajadas de impuestos en vigor (una vez convenientemente reducido el galopante déficit público heredado), o las políticas de reducción del gasto público (18.000 millones) y de aparato estatal (con la reforma de las Administraciones Públicas y , por ejemplo, la eliminación de alrededor de 2.000 empresas públicas) que han llevado a que la intervención del Estado en el PIB se sitúe sensiblemente por debajo de la mitad (en un 44%, frente al 56% de, por ejemplo, Francia). Y aún reconociendo que a mí particularmente, y dentro del consenso socialdemócrata imperante, me hubiese gustado una mayor audacia desde el punto de vista liberal.

Si nos salimos del terreno estrictamente económico, una reforma como la educativa (aunque se ha echado en falta dotar de mayor peso a las Humanidades) supone una enmienda de enjundia a décadas de fracaso socialista 'logsiano' (además de a la pretensión zapaterina de imponer el adoctrinamiento político en las aulas); y se corresponde, pues, tanto con los valores y principios propios del PP como la hace poco aprobada reforma del Código Penal, que implanta la prisión permanente revisable y, además, contempla el hurto, antes falta, como delito, medida que, amén de contar con el aplauso general de los comerciantes, supone todo un avance en materia de derechos individuales, y más concretamente del fundamental a la propiedad privada. 

En suma, en el PP no deberían dar por perdidos ciertos votos de quienes pueden sentirse decepcionados, no ya porque consideren que el Gobierno no se haya atenido a determinados valores, sino por medidas impopulares que no había más remedio que tomar y que todavía pasan factura. Bien es cierto que para recuperarlos es conveniente apelar directamente al electorado y explicarse más y mejor. De nuevo, hacer política: porque no siempre la mejoría de la economía se vende sola.