lunes, 23 de marzo de 2015

¿Y EL BIPARTIDISMO? TODAVÍA BIEN, GRACIAS...

Hay que reconocerlo: el PSOE ha conseguido mimetizarse e identificarse plenamente con la idiosincrasia del elector medio andaluz, pese a más de 30 años de Gobiernos socialistas con el consiguiente desgaste que deberían acarrear (si bien las bolsas de 'voto cautivo', tejidas, instaladas y extendidas sobre todo en ámbitos rurales y desde un poder sempiterno y hegemónico, suponen la garantía de un importante suelo electoral), y por mucho que hayan tenido lugar escandalosas e inmensas tramas de latrocinio de dinero público como la de los ERE falsos (lo que además vuelve a demostrar que la supuesta 'indignación general' por la corrupción en realidad solo va por barrios). Susana Díaz era muy consciente de ello, y ha tenido la suficiente habilidad e intuición política como para buscar y encontrar el momento oportuno para pillar a todos con el paso cambiado; sobre todo, a su izquierda, a Podemos, todavía sin estructuras consolidadas en Andalucía (y justo en un momento en que sus expectativas electorales parecen desinflarse), y, a su derecha, al PP, cuyo candidato apenas ha tenido tiempo de darse a conocer, impedimento que, junto al evidente deterioro de la imagen del partido de resultas de las políticas impopulares que aún pasan factura, tanto han contribuido a los subsiguientes y magros resultados obtenidos. Sea como fuere, tanto la formación de ultraizquierda como Ciudadanos, cuyos 9 escaños tras escasos meses de presencia pública nacional son harto meritorios, han irrumpido en el panorama político andaluz más o menos como anunciaban las encuestas, lo que resulta muy indicativo del papel que pueden acabar desempeñando en la política nacional. Y gracias a una promoción mediática que tampoco cabe desdeñar.

Si bien es cierto que los guarismos de estas elecciones autonómicas en Andalucía, por sus peculiaridades, no son extrapolables a unos comicios generales (como tampoco lo serían, por ejemplo, los de una jornada electoral en Galicia), sí pueden manifestar tendencias muy a tener en cuenta. Así, mucho se ha hablado y escrito sobre el glorioso advenimiento del fin del 'bipartidismo', fenómeno sin precedentes que, según distinguidos vaticinios, revolucionará la política española y la convertirá en 'nueva', hasta el punto de que ya empezaría a advertirse el 22-M; pues bien, la realidad es que, pese a un apreciable desgaste (mucho más acusado en el PP: 14 puntos y 17 escaños menos, partiendo de su mejor resultado en unas elecciones autonómicas andaluzas), los dos principales partidos continúan acumulando, y muy de largo, más de la mitad de los votos: concretamente, un 62%, lo que además se traduce en 80 de los 109 asientos en el Parlamento andaluz. Desde luego, sin dejar de ser significativas sendas apariciones de Podemos y Ciudadanos, que además llevan señalando las distintas encuestas de ámbito nacional, ambas formaciones se sitúan todavía muy lejos (a doce y a diecisiete puntos respectivamente) de la que sigue siendo segunda fuerza política: el PP, aun en sus horas electorales más bajas desde principios de los 90 en Andalucía, territorio tradicionalmente adverso.

Porque el cambio de sistema de partidos que parece avecinarse no parece residir exactamente en la muerte del bipartidismo, que mal que bien resiste, sino en la evolución de un bipartidismo 'imperfecto' (porque el nuestro nunca ha sido 'perfecto' o puro, al modo de Estados Unidos o el Reino Unido hasta sus últimas elecciones legislativas) hacia otro de tipo más atomizado, en el que, por mor de la mayor fragmentación del voto en la política nacional, nuevas formaciones políticas distintas de los nacionalistas (eso que saldrá ganando la política española, por cierto) ejercerán de 'bisagras' para alcanzar pactos con los dos grandes partidos nacionales y de esta forma influir de manera directa o indirecta en los Gobiernos que se constituyan. Así, y pese a que esperen a después de las elecciones generales para concretar y exteriorizar sus preferencias (y de ahí que Susana Díaz ya haya anunciado que gobernará en minoría), lo normal es que Podemos, con o sin IU (si antes no lo ha fagocitado totalmente), apoye gobiernos del PSOE, y que Ciudadanos (que sí parece haber acabado con los restos de UPyD) reparta sus inclinaciones entre el PP y el PSOE emulando a aquel CDS de Suárez: dependiendo de circunstancias y objetivos concretos.

Con todo, y mientras tanto en Andalucía, ¿qué tal está el bipartidismo? Todavía bien, gracias... El gran terremoto electoral que tantos anunciaban no ha sido más que un pequeño seísmo de escasos grados en la escala Richter, y que ha dejado el estado de cosas básicamente indemne. Hasta el punto de que los andaluces tendrán el mismo partido en el Gobierno y la misma principal fuerza de oposición... que hace más de 30 años.