jueves, 5 de febrero de 2015

UN RIESGO OFICIALMENTE 'BAROMETRIZADO'

Calentito y recién salido del horno (y de la cocina). Tal y como se barruntaba, el tan esperado barómetro del CIS de enero, cuyo trabajo de campo se realizó entre los días 2 y 12 del pasado mes, dibuja un posible escenario político inquietante de cara a las próximas elecciones generales, que tendrán lugar en noviembre, diciembre o incluso enero de 2016. El PP se mantiene y conserva la primera posición como partido más votado (con un 27,3%), mientras que, como se anunciaba, Podemos (23,9%) supera a un PSOE que vuelve a colocarse en mínimos (22,2%), lo que lleva a los de Iglesias Turrión al segundo lugar, a algo más de tres puntos del PP y casi dos sobre el PSOE; el cual, por primera vez en la democracia, pierde, al menos de momento, su 'estatus' como principal referencia de las opciones de izquierdas. Se sigue vaticinando, en suma, un panorama político de incertidumbre y con riesgo de inestabilidad, por cuanto un partido populista de ultraizquierda se ha metido de lleno y como una cuña entre el centro-derecha (UCD/PP) y el centro-izquierda (PSOE) que llevan desde 1977 alternándose en el poder.

Ahora bien: cabe puntualizar que sondeos llevados a cabos en fechas anteriores, como los de 'El Mundo' y 'Telecinco', llegaron a situar a Podemos en primer lugar; y que, en cambio, encuestas realizadas en días posteriores a la publicada por el CIS, como las de 'ABC', el propio 'Telecinco' y 'El Diario', señalan una ligera mejoría en el porcentaje de voto y mayor ventaja como primera fuerza política para el PP, e incluso una recuperación de la segunda posición por parte del PSOE y cierto desfondamiento de Podemos en el caso de 'El Diario'. Tendencias muy similares y, por tanto, significativas. Sea como fuere, debemos permanecer atentos a próximas, y es de esperar que abundantes, 'fotos fijas', que no otra cosa son las encuestas de intención de voto.

Mucho se ha disertado sobre las causas del alarmante desgaste experimentado por los dos grandes partidos nacionales (los 'tradicionales') durante estos años de larga crisis económica; en especial un PSOE que, pese a estar en la oposición, no es capaz de capitalizar un descontento con el Gobierno que se ha trasladado mayoritariamente a un partido antisistema (quizá, entre otras razones, porque Podemos representa lo que buena parte de la izquierda ha querido siempre ser pero nunca se ha atrevido ... hasta ahora). Y en cuanto al PP, si bien le queda el consuelo de mantenerse en primera posición, la misma se muestra tan precaria que no le garantizaría ni mucho menos seguir gobernando; además, no debería confiarlo todo a los posibles frutos electorales de la recuperación económica (como además queda otra vez patente en esta misma encuesta), y resulta asimismo muy dudoso que logre movilizar por sí solo un voto útil 'antiPodemos', nueva y legítima estrategia, si antes no se esfuerza en recuperar a tantísimos electores desencantados que no se guían precisamente por la economía: de nuevo, se trata de política pura y dura.

En cualquier caso, un riesgo ha quedado oficialmente 'barometrizado': la irrupción con posibilidades reales de gobernar, y al albur de la difícil digestión de una larga crisis económica, de una opción política populista antisistema. En Francia se llama Frente Nacional, en Grecia Syriza (que ya ejerce el poder con las primeras y nefastas consecuencias) y en España Podemos... pese a que se empeñen en presentarnos a estas dos últimas formaciones como absolutamente lícitas (e incluso razonables y hasta deseables) desde una perspectiva democrática frente a la repulsa total que merece la primera: ya se sabe, un extremismo, el de izquierdas, puede ser hasta bueno y benéfico, pero al otro no lo absuelven ni los votos que pueda llegar a conseguir (argumento que, en cambio, sí se suele utilizar para exculpar a la ultraizquierda). 

Por tanto, y muy a pesar de las censuras y ataques (muchos realmente furibundos) de su legión de seguidores, defensores y voceros que últimamente pululan en las redes sociales (y que consideran 'intocables' y merecedores de patente de corso a sus ídolos; ellos, que deben su triunfo mediático a poner como chupa de dómine a todo lo que se mueve), no hemos de callarnos quienes queremos hacer ver lo que los dirigentes-fundadores de Podemos son e intentan ahora ocultar: esto es, una camarilla de ideólogos marxistoides, que tienen a la revolución soviética como faro ideológico (Monedero 'dixit'), al chavismo como referencia (las loas del Líder Máximo al comandante Chávez todavía resuenan), a la ETA como ejemplo de reacción ante la que tachan de democracia ficticia (ahí están las palabras de admiración del mismo Mesías), las prácticas, cuando menos, éticamente feas e irregulares de sus 'padres fundadores' sin que todavía hayan tocado poder y pese a que exigen a los demás un comportamiento impoluto, sus pulsiones liberticidas cuando vetan a periodistas que cometen el pecado de no comulgar con ellos... Porque, sí, son un partido populista comunistoide, y algunos vamos a seguir resaltándolo porque consideramos que su llegada al poder, no solo sería contraproducente y perjudicial para la economía en general, sino un peligro para nuestro sistema de convivencia democrática nacido en 1978 de un consenso nacional ejemplar (es decir, 'el candado' que pretenden abrir). 

Y luego que cada cual vote lo que considere oportuno llegado el momento: así es la democracia, así es un régimen de libertades.