jueves, 12 de febrero de 2015

PSOE: ENTRE TODOS LA MATARON...

Un nuevo y más que preocupante frente se abre en un PSOE en caída libre según las encuestas. Era ya lo que le faltaba al partido fundado por Pablo Iglesias, el tipógrafo: a perro flaco, todo son pulgas; y a menos de cien días de las próximas elecciones municipales y autonómicas. A buen seguro que el otro Pablo Iglesias, el profesor marxista, continuará frotándose las manos: como sigan precipitándose los acontecimientos de esta forma en el partido con el que rivaliza por el electorado situado ideológicamente más a la izquierda, solo tendrá que adoptar la posición que, justa o injustamente, se reprochó que tomaran en su momento tanto Aznar como Rajoy en sendas carreras por alcanzar la presidencia del Gobierno: limitarse a permanecer sentado para ver pasar el cadáver de su enemigo. Con los consiguientes perjuicios que para el sistema democrático se derivan de que un partido populista antisistema tome el relevo como principal referencia electoral de la izquierda política e ideológica, extremo (nunca mejor dicho) de cuyo riesgo no nos cansaremos en insistir.

El inefable pero simpático tertuliano (si adoptamos el calificativo, con evidente tono de aviso a navegantes, del periódico de Prisa) Antonio Miguel Carmona, candidato socialista a la Alcaldía de Madrid, ponía, no una, sino las dos manos en el fuego por Tomás Gómez, el hasta ahora líder de los socialistas madrileños; pero es evidente que Pedro Sánchez no, puesto que desde la secretaría general que todavía ostenta lo ha destituido e impuesto una gestora de manera tan fulminante como sorprendente. ¿Las razones fundamentales aducidas? Además de las magras expectativas electorales de Gómez como candidato (confirmadas en las dos anteriores elecciones autonómicas), su posible responsabilidad como Alcalde de Parla en el caso del sobrecoste del tranvía de la localidad, e incluso su probable implicación judicial en la trama Púnica. Eso sí, si se trataba de librar al partido de toda sospecha de corrupción, con Chaves y Griñán, encausados en la trama de los ERE fraudulentos de la Junta de Andalucía, continúa empero el señor Sánchez sin atreverse: tocarle el pelo a cualquiera de los dos prebostes del socialismo andaluz es como toserle a doña Susana, y esas son ya palabras mayores.

Pero no termina ahí la controversia: 'Invictus' Gómez, convencido de la debilidad del liderazgo de Sánchez, se niega a dimitir y plantea un pulso a la dirección nacional (o 'federal', según la terminología oficial) socialista. Y mucho ojo, que ya le presentó un órdago a la grande a un Zapatero en horas bajas y se lo ganó contundentemente: cabe recordar que, pese a amenazas nada veladas, se enfrentó en unas primarias a la candidata oficial del zapaterismo-rubalcabismo, Trinidad Jiménez, y logró imponerse con claridad. Sin embargo, en el caso que nos ocupa parece ser que no hay primarias que valgan (pese a la 'democracia interna' de la que presume el PSOE), aunque cabe reconocer que si por algo se ha caracterizado Tomás (... y no digo más, como le apellidó Chaves) es precisamente por no arrojar la toalla en los momentos más adversos; y ya ha tenido que afrontar varios.

El depuesto pero enrocado Gómez ha denunciado ser víctima de un contubernio (cómo no) a tres bandas entre 'la derecha (sic), El País y Ferraz'. Para acusar a la primera, se ha basado en las informaciones publicadas por el diario (monárquico y liberal-conservador) ABC sobre irregularidades en la financiación del tranvía de Parla que a él, como Alcalde empecinado en llevar a cabo tan oneroso proyecto para un municipio de tales características, le salpicarían; aunque muy escaso interés ha de tener la derecha política en eliminarlo como rival cuando sus candidaturas socialistas a la presidencia de Madrid han representado sendos seguros de vida para arrolladoras victorias del PP. Sea como fuere, con semejante señalamiento ha pretendido dar juego a una corriente dentro del PSOE que tacha a Pedro Sánchez de ser una especie de tapado del PP ('el niño mimado de la derecha'), y de ahí que sus partidarios se manifestaran en la sede socialista emitiendo esa misma consigna ('Sánchez y el PP, la misma m... es'). Según los cánones más sectarios, en último término siempre hay que buscar al peor enemigo fuera por mucho que lo tengas justo al lado tuyo.

Sí es cierto que la intervención 'manu militari' de Sánchez en el PSM ha contado con el apoyo entusiasta del que ha sido durante décadas el diario de referencia del socialismo fetén: no había más que leer sus titulares del día siguiente, sazonados con una encuesta 'ad hoc' tan de urgencia como inverosímil y extravagante. Contar con el respaldo (o el repudio) de 'El País' lo significaba absolutamente todo dentro (e incluso fuera) del PSOE, aunque el periódico de Prisa ya no es lo que era. Y, obviamente, Ferraz, donde tiene su sede la actual dirección nacional (o 'federal') socialista encabezada (como puede) por Pedro Sánchez ha ideado y llevado a cabo la operación 'relámpago' contra Gómez, aunque éste, al afirmar también que su cese 'huele a Rubalcaba', desliza la idea de que una cierta 'vieja guardia' (la mar de prisaica, por cierto) que todavía sienta sus reales allí es la verdadera muñidora del ataque. Hipótesis nada disparatada si recordamos las advertencias del entonces 'hombre fuerte' del Gobierno de Zapatero a un Gómez empeñado en no allanarle el camino a Trinidad Jiménez; y ya sabemos cómo se las gasta el Rasputín cántabro.

Sea como fuere, este puñetazo en la mesa, este golpe de autoridad con el que Pedro Sánchez pretende dejar claro de una vez quién manda en el PSOE pese a la aparente fragilidad de su liderazgo, quizá debería haberse producido mucho antes para dar tiempo a recomponer los inevitables daños colaterales, y no a escasos tres meses de las elecciones municipales y autonómicas. Decía el poeta latino Horacio que la fuerza que no va guiada por la prudencia cae por su propio peso. Y encima Gómez, que sabe que a estas alturas poco tiene que perder, parece dispuesto a resistir 'erguido frente a todo', como le cantaría un actor progre al malvado Wert. Y mientras tanto, el silencio de doña Susana Díaz no puede ser más estruendoso. Entre todos la mataron...