martes, 3 de febrero de 2015

EL 'SUSANATO' Y SUS PRIMEROS DAMNIFICADOS

El principal problema que aflige al todavía secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (veremos si será merecedor del calificativo de 'el breve'), no es que tenga que competir con Podemos por el electorado más a la izquierda, y que para ello se adhiera al discurso más cenizo (si bien cabe felicitarse de que haya decidido sumarse a un pacto de Estado contra el terrorismo islamista, aunque haya sido más bien a regañadientes), sino que en su propio partido le ninguneen y hasta empiecen a segarle la hierba bajo sus pies: fue, por ejemplo, tremendamente significativa la reunión 'secreta' entre Zapatero e Iglesias Turrión (vaya dos patas para un banco), bajo el auspicio de Bono (qué boda sin la tía Juana). Eso sí, el señor Sánchez no estaría donde está si no hubiese contado con la bendición de doña Susana Díaz, aunque la misma, siempre al albur del 'Susanato' que lleva ideando y proyectando desde que Griñán, señalado judicialmente dentro del conglomerado de los ERE fraudulentos, le cediera la presidencia de la Junta de Andalucía, tenía desde el principio fecha de caducidad: la que ella misma pondría en cuanto decidiera dar el salto a la política nacional. Soporte muy débil y que acabará derrumbándose, llevándose a él mismo consigo; a no ser que atesore una inusitada capacidad de resistencia, claro, cualidad de la que no por casualidad se ha permitido presumir.

Pero no será Pedro Sánchez el único damnificado del iniciado proyecto del 'Susanato': sus hasta ahora socios de Gobierno lo son ya. En Izquierda Unida hay quien se arrepiente ahora de no haber emulado a sus 'camaradas' de Extremadura (abstenerse y dejar gobernar al partido más votado, como en Andalucía el PP), o haber actuado como en los tiempos de Luis Carlos Rejón (y Julio Anguita como coordinador general): situarse en una posición de equidistancia y no hacer de mera bisagra del PSOE con el gastado pretexto de impedir que gobernara la siempre infame derecha. Pero han preferido disfrutar siquiera de las migajas de un poder hegemónico, el del socialismo andaluz desde hace la friolera de 36 años (casi como Franco), e incluso ejerciendo el papelón de cómplices en la ocultación del escándalo de los ERE falsos. Hasta que la nueva gran lideresa del socialismo hispano ha decidido prescindir de ellos en la búsqueda de su gloria particular, como en su momento hará también con su supuestamente 'amadrinado' Pedro Sánchez. Luego que no se extrañen de que el nuevo partido de ultraizquierda les borre del mapa electoral.

Porque, por mucho que algunos se empeñen en hacernos comulgar con ruedas de molino, la única razón que ha llevado a Susana Díaz a adelantar la fecha de las elecciones andaluzas es su propio y particular interés en adquirir y presentar el mérito de una victoria en las urnas, antes de que al fenómeno mediático de Podemos le dé tiempo de asentarse en Andalucía (y, de paso, pillar así al PP y a su nuevo candidato con el paso cambiado), y a la espera de que Pedro Sánchez se estrelle electoralmente en los comicios municipales y autonómicos de mayo. Y, entonces sí, tener el camino allanado para incluso aspirar a La Moncloa como 'presidenciable' socialista. Aunque las encuestas, al menos de momento, no le dibujan un panorama nada fácil: todavía muy lejos de la mayoría absoluta, frente a un PP a la baja pero rocoso y pisándole los talones, y a Podemos situado como tercera fuerza política. Con lo cual, de confirmarse tal estado de cosas el 22 de marzo, a doña Susana no le quedaría más remedio para gobernar que elegir entre el PP y Podemos (que, por cierto, y pese a su discurso 'anticasta', se ha ofrecido ya a hacer de Izquierda Unida, esto es, de soporte de un Gobierno del PSOE de Andalucía, el mismo que tiene en sus filas a tantísimos encausados por los ERE fraudulentos); el optar por uno u otro pacto podría tener su eco, repercusión y hasta reflejo en la misma política nacional.