lunes, 9 de febrero de 2015

EL ÉXITO DEL CINE ESPAÑOL, CON MENOS ESTADO

El tono y la intensidad fueron, desde luego, mucho más comedidos que en otras ocasiones, pero en la última Gala de los Goya (espectáculo que suele celebrarse a mayor gloria del sectario artisteo progre que prevalece en el cine español) no faltaron las consabidas quejas y protestas contra un Gobierno de la infame derecha que, como tal, maltrata al cine y sus artistas. Además de las pullas dirigidas al Ministro Wert, esta vez sí presente en la ceremonia, el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, amén de pedir la bajada del un IVA cultural 'maldito' (en la medida en que afecta al precio de las entradas de cine, claro), llegó a aseverar que la cinematografía debería contemplarse como 'un asunto de Estado' (en velada alusión a la escasez durante 2014 de partidas de subvenciones públicas al cine, sector que como es lógico tampoco se ha librado de las necesarias medidas de reducción del gasto).

En efecto, las cifras cantan: 2014, ciertamente, ha sido el año en el que el cine español ha disfrutado de menos subvenciones. Sin embargo, el mismo se ha saldado con un récord absoluto de taquilla; y muy a pesar del 'maldito' IVA cultural, e incluso de la crisis que desde hace décadas sufre el cine en general de resultas de la irrupción de Internet y otras formas de ocio. Pues bien: ¿no deberá el cine español su éxito sin precedentes, del que cabe congratularse, precisamente a la menor intervención del Estado y, por tanto, a haberse sometido en mayor medida a las reglas del mercado, esto es, al exclusivo interés por captar los gustos y demandas del público, y no del poder burocrático-político de turno? No por casualidad, una comedia como 'Ocho apellidos vascos', tan desternillante como sana (y con cuyo argumento se identifica el español medio), o películas de acción y genero policíaco como 'El Niño' o 'La Isla Mínima', han tenido la virtud de generar mucha más expectación y atractivo en el espectador que cualquiera de los panfletos guerracivilistas (con la subsiguiente división entre buenos-buenísimos y malos-malísimos) o ideológico-políticos (por supuesto, sesgados siempre hacia la izquierda) camuflados como películas 'comprometidas'.

En suma, se ha demostrado que hay calidad de sobra para lograr la atención y adhesión del espectador, y sin tener que esperar las desincentivadoras y contraproducentes 'ayudas' de un Gobierno que, además, debe emplear el dinero que sale de nuestros impuestos en otros menesteres de verdadero interés general.