viernes, 23 de enero de 2015

VEINTE AÑOS SIN GOYO


 Hoy se cumplen 20 años del asesinato de un héroe de España y la libertad: Gregorio Ordóñez. Me permito reproducir aquí un particular y modesto homenaje que le rendí ayer en un artículo en el diario La Opinión de Murcia. #GoyoNoTeOlvidamos

A Gregorio Ordóñez, Goyo para los amigos, le picó desde muy joven el gusanillo de la política: de ahí que se afiliara a las Nuevas Generaciones de Alianza Popular y, tras una breve etapa como periodista, llegara a ser elegido concejal con apenas 24 años. Pero no en cualquier lugar de España: nada menos que en San Sebastián, capital de Guipúzcoa, la provincia vasca donde el entonces hegemónico nacionalismo vasco, y especialmente la rama proetarra, siempre había logrado más adhesiones en las urnas; y no en una época cualquiera: fue durante aquellos años de plomo en los que la banda asesina ETA y sus adláteres imponían el miedo en la sociedad vasca por medio del crimen y la extorsión. Pues bien, Goyo creía firmemente que ya era hora de cambiar tan vil y lamentable estado de cosas, o al menos de intentarlo; y él quiso poner su granito de arena, con el que finalmente construyó toda una montaña que llegó a mover los cimientos del terror instalado política y socialmente en el País Vasco.

Ahora que la popularidad de los políticos en general se encuentra bajo mínimos, Goyo en cambio encarnaba el mejor ejemplo de la más noble, generosa y grandiosa vocación política. Porque, en efecto, demostrando un carácter y una valentía realmente inusitados, sobre todo por aquellos pagos, dio una voz clara, rotunda y contundente a los muchos donostiarras y vascos en general que, pese a su forzado silencio, deploraban las injusticias y desmanes derivados de un nacionalismo obligatorio y la dictadura impuesta por los pistoleros. Pero no solo rompió moldes como inagotable e implacable azote dialéctico del terror etarra: como concejal delegado y primer teniente de alcalde que fue supo mostrarse sensible a las necesidades y demandas de los ciudadanos y las posibilidades de mejora de la capital donostiarra y actuó en consecuencia. De ahí que como gestor municipal se ganara también la simpatía, el aplauso y el apoyo de cada vez más vecinos.

La subsiguiente cosecha electoral no tardaría mucho en llegar: así, bajo la presidencia de Goyo, el Partido Popular pasó de ostentar una presencia anecdótica en el ayuntamiento de San Sebastián a, primero, situarlo como fuerza política decisiva para propiciar un pacto con el PSE y el PNV con el fin de evitar un gobierno municipal proetarra (lo que llevaría por primera vez al socialista Odón Elorza a la alcaldía donostiarra); y apenas tres años después, como partido más votado en las elecciones europeas de 1994, lo que supuso todo un hito histórico. Por tanto, gracias a sus posiciones políticas firmes y absolutamente comprometidas, Goyo había adquirido méritos suficientes como para tener posibilidades de llegar a ser nada menos que alcalde de San Sebastián, pronóstico que se hubiese tachado de delirante cuando empezó su carrera política allá por 1983. Sin embargo, ahí estaba, casi al alcance de la mano.

Pero que un españolista que, encima, cantaba las verdades del barquero rigiera la capital donostiarra y la convirtiera en una especie de ciudadela de la resistencia contra la dictadura del terror en plena Guipúzcoa no lo iban a permitir esos mismos matones que la llevaban imponiendo a sangre y fuego. De tal manera que los criminales etarras, totalitarios marxista-leninistas, volvieron a aplicar su siniestra máxima: donde hay pistolas y bombas, que se quite la voluntad popular. Y, cumpliendo sus amenazas, lo asesinaron un 23 de enero, hace veinte años, como es propio de semejantes alimañas: cobardemente. Habían conseguido matar a la persona, pero no a su espíritu combativo e indomable. Así, el testigo de Goyo como candidato a Alcalde de San Sebastián lo cogió un insigne donostiarra, de largo historial en la lucha contra el terrorismo etarra: Jaime Mayor Oreja, siempre dispuesto a dar la cara en las peores circunstancias. Y con él y el recuerdo de Goyo el PP logró ganar las elecciones municipales de 1995 en la ciudad de la Bella Easo y, lo que fue especialmente satisfactorio, consiguió superar en votos por primera vez en la historia a Herri Batasuna, la marca política etarra de entonces.

Fue, pues, un éxito sin precedentes, si bien Mayor Oreja fue apartado del gobierno local por un pacto 'tripartito' del PSE de Odón Elorza, que a partir de ese momento se transmutó en pronacionalista, con los nacionalistas de PNV y EA.El extraordinario ejemplo de la valentía y la firmeza de Goyo estuvo siempre presente en la batalla sin cuartel que desde distintos frentes se mantuvo contra la banda terrorista ETA y que, con la épica contribución de tantos de quienes también dieron su vida por España y la libertad, condujo a los indudables logros de, en especial, las legislaturas de Aznar.

Y ahora que, por desgracia, la que parecía una victoria incontestable de nuestro Estado de Derecho frente a un terrorismo derrotado policial, política y socialmente, lleva tiempo viéndose empañada por graves reveses en el terreno judicial y político (sin ir más lejos, los proetarras de Bildu gobiernan la alcaldía de San Sebastián; gracias, eso sí, a que fueron los más votados en las urnas, aunque también debido a la ausencia de altura de miras, o más bien de gallardía, de quienes no han querido reproducir aquel pacto de 1991 entre PP, PSE y PNV), más que nunca es necesario defender la memoria de todo un héroe de nuestra democracia: Gregorio Ordóñez. Su legado de coraje y entereza frente al totalitarismo etarra no ha de quedar en vano.