miércoles, 7 de enero de 2015

ODIO A OCCIDENTE, ODIO A LA LIBERTAD

En esta ocasión no se ha tratado de un atentado típicamente 'kamikaze' y suicida, al más puro estilo islamista, sino que los terroristas han seleccionado y buscado unos objetivos concretos para aplicarles cruel y salvajemente su propia e inapelable sentencia de muerte: entre los doce asesinados, se encuentran el director y otros tres dibujantes del semanario satírico francés 'Charlie Hebdo'. Su delito, merecedor de la pena máxima: parodiar a Mahoma e incluso a líderes del Estado Islámico. La intolerancia criminal del fundamentalismo islamista tiñe otra vez de sangre a Occidente. Quienes, llevados por su fanatismo asesino, no entienden que el único límite a la libertad de expresión, al menos en un régimen democrático y de libertades, se encuentra en la ley y los Tribunales de Justicia, y no en la imposición de absolutos integristas, vuelven a sembrar el dolor en Europa.

'Charlie Hebdo', que al contrario que buena parte de los medios de comunicación occidentales se ha mostrado siempre valiente e incólume frente al islamismo y sus amenazas, ya sufrió un incendio provocado en noviembre de 2011, sin que afortunadamente hubiera que lamentar víctimas en aquella ocasión. Y cabe recordar que la publicación en 2005 de unas caricaturas de Mahoma por parte de un diario danés, el Jyllands-Posten, generó una ola de indignación en el mundo islámico (controversias diplomáticas incluidas), que se saldó también con 40 muertos tras una serie de enfrentamientos en las calles de diversos países musulmanes.

Las atinadas palabras que pronunció el entonces Ministro del Interior francés, Nicolas Sarkozy, a propósito de la polémica de hace nueve años, son perfectamente aplicables al caso actual: 'es mejor el exceso de la caricatura que el de la censura. El Islam no quiere decir terrorismo; pero no se debe hacer una legislación específica para una sola religión'. Lo contrario sería ceder a la violencia y la intransigencia de quienes precisamente persiguen borrar de la faz de la tierra a Occidente (el satán) y, con él, sus valores basados en la libertad individual, la tolerancia y la dignidad del ser humano.

Y tras el horror de los asesinatos, no podía faltar la miseria moral y la ignominia de quien llega a disculparlos. Aunque el mismo ser despreciable que justifica y hasta aplaude los crímenes del comunismo castrista y de la banda asesina ETA (que tanto monta, monta tanto), ¿cómo no iba a reaccionar de la misma forma ante un atentado terrorista islamista? Y es que el fundamentalismo islámico y la ultraizquierda comparten un mismo odio por Occidente y sus raíces cristianas, y el mismo aborrecimiento por el principal y más valioso legado de su historia política: el respeto y reconocimiento de los derechos y libertades individuales. De ahí su entusiasmo por las dictaduras, y cuanto más totalitarias mejor.