sábado, 24 de enero de 2015

LA NACIÓN ESPAÑOLA TAMBIÉN ES CASTA

El Intocable y Providencial Mesías de la Santa y Madre Izquierda tuvo a bien plasmar en un artículo que escribió en 2008, y a propósito del gran papel de nuestra magnífica Selección de baloncesto en las Olimpiadas de Pekín, su aprensión hacia nuestros símbolos nacionales, a los que se permitió reputar como herencias del franquismo. Si este señor, Dios y los votantes españoles no lo quieran, consiguiera su objetivo de conquistar el Gobierno ('el cielo') y, de paso, hacer trizas el consenso constitucional ('el candado') del 78, ¿qué himno nos impondría para sustituir a la vigente 'cutre pachanga fachosa' (que, para los ignorantes e iletrados a los que se dirige, no inventó Franco, sino que data de los tiempos de Carlos III)? ¿El de Riego de la idealizada (pero desastrosa) II República, o quizá directamente 'La Internacional' del comunismo y demás izquierda, esa sí, casposa (con las debidas referencias a 'los pobres del mundo' y la 'famélica legión' de quienes se están forrando más que 'la casta')?

¿Y qué bandera en lugar de la rojigualda (que tampoco ideó el Caudillo, sino que también surgió durante el mandato del llamado Rey ilustrado)? ¿La tricolor, construida en su momento de manera tan artificial que hasta se basó en un error histórico (el supuesto color morado de la bandera de Castilla, que no era tal), o, puestos a evitar los equívocos, la roja comunista de toda la vida con su hoz y su martillo?

No estaría de más que concretara estos extremos, si bien sí ha dejado claro que le repugna tanto el 'nacionalismo español' (vamos, la misma existencia de España, su larga historia y su unidad política como nación de ciudadanos libres e iguales) como respeta y admira a otros nacionalismos que son de carácter etnicista, disgregador y, en suma, antiespañoles; en especial el catalán (sabido es que se adhiere al 'derecho a decidir' del separatismo) y, por supuesto, el vasco (qué decir de los elogios y piropos que le ha dedicado a 'la lucha' de los etarras y sus adláteres).

Parece ser que, para Iglesias Turrión, la nación española, no es que sea ya un 'concepto discutido y discutible' como sostenía su ínclito y recién descubierto contertulio, sino también casta. Y debemos saber a estas alturas lo que ello significa e implicaría.