miércoles, 17 de diciembre de 2014

NUESTRAS IZQUIERDAS Y LAS LIBERTADES

Ya estaba tardando. Por fin Pedro Sánchez se ha atrevido a utilizar contra Mariano Rajoy, y en pleno debate en el Parlamento, el recurso dialéctico favorito de cualquier izquierdista patrio que se precie para descalificar al adversario político e ideológico: tacharle de franquista. Así de fácil: lejos del nuevo, pero al parecer ya discutido, líder del PSOE la funesta manía de razonar y argumentar, máxime en estos tiempos abonados a la visceralidad y la demagogia. Y qué menos: qué serían de nuestras izquierdas sin sus frecuentes alusiones a un dictador contra el que tantísimos años llevan luchando... retrospectivamente, puesto que se les murió en la cama de resultas de cuarenta años de vacaciones.

Sea como fuere, quizá quepa calificar más bien de 'franquista' una ley como la de la patada en la puerta, aprobada en su momento por el PSOE de Felipe González aunque posteriormente, y felizmente, declarada inconstitucional, lo que llevó a la dimisión de su patrocinador, el entonces Ministro del Interior, José Luis Corcuera; o comportamientos y maneras de proceder tan liberticidas como los espionajes supuestamente 'aleatorios' del CESID (de los que sin embargo no escapaba ni el mismísimo Rey de España) también durante el felipismo, o por SITEL ya con Zapatero y de la mano de Rubalcaba ('veo todo lo que haces y oigo todo lo que dices'), o incluso detenciones ilegales (en sentencia judicial firme) como las llevadas a cabo contra militantes del PP que, tras una manifestación de la AVT, tuvieron la mala suerte de aparecer fotografiados junto a un Bono que no fue bien recibido ('el Ministro quiere detenciones, y habrá detenciones'), y que asimismo forzaron la dimisión del entonces Delegado del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Constantino Méndez.

Y todo porque un Gobierno del PP se ha atrevido a someter a la aprobación de las Cámaras una Ley... ¡de Seguridad Ciudadana! Y eso sí que no: la derecha, genuinamente represora según los cánones de la progresía hispana, no tiene legitimidad alguna para regular en la materia, por muchos votos que haya logrado en las urnas; bastante con que se le permita gobernar. De ahí que nuestras inefables izquierdas hayan tenido a bien bautizarla como 'Ley mordaza', haciendo gala una vez más de una originalidad verdaderamente deslumbrante.

Sin embargo, la 'mordaza' se impone cuando se piden represalias contra periodistas en el libre ejercicio de su profesión y su derecho a la libertad de expresión, tal y como hace la izquierda 'ultra' y 'podemista', y no cuando se intenta impedir que se utilice el derecho de manifestación como parapeto de actitudes violentas para apropiarse, sí, de las calles por las bravas (por cierto, las concentraciones frente al Congreso, sede de la soberanía nacional, seguirán permitiéndose, al contrario que en muchos países europeos); tampoco cuando, por ejemplo, se dota de cobertura legal a quienes todos los días luchan en nuestras fronteras contra la inmigración ilegal. De todas formas, resulta sarcástico que levanten la voz contra supuestos recortes de derechos, fundamentalmente el de manifestación, los mismos que tienen como faro del mundo al régimen chavista de Venezuela, donde se dispara y asesina a manifestantes y se detiene a líderes de la oposición. Y sin que tales actos de verdadera represión les haya merecido el más mínimo reproche; bien al contrario en algún caso.

Como no podía ser de otra manera, el proyecto de Ley de Protección de Seguridad Ciudadana ha contado con el aval del Consejo de Estado como impecablemente respetuosa con los derechos y libertades fundamentales recogidos en la Constitución. Pero a nuestras izquierdas, pese a su nula autoridad moral también en materia de libertades, les encanta jugar a que se oponen a una derecha retrógada y opresora que cuando gobierna impone un Estado policial. Pero se trata de un tópico manido y gastado que pocos se creen ya. Y por sus obras les conoceréis.