lunes, 1 de diciembre de 2014

¿NO A LE PEN, PERO SÍ A PODEMOS?

Apenas dos semanas después de que en España el ultraizquierdista ('chavista' según el mismísimo Diario de Cuba) Podemos naciera como partido político y su principal impulsor fuera ungido como líder indiscutible y todopoderoso, en Francia la 'hijísima' Marine Le Pen ha sido reelegida por preceptiva unanimidad como presidenta del ultraderechista Frente Nacional. Justo en el momento en que ambas fuerzas políticas antisistema encabezan las encuestas de intención de voto en sus respectivos países. Compartimos, pues, con nuestro país vecino una misma amenaza para nuestros regímes democráticos: la del populismo extremista, emergente al calor de la crisis económica y política; fenómeno que, no obstante, no es precisamente nuevo en el Viejo Continente a pesar de que en España nos hayamos mantenidos ajenos hasta ahora: recordemos, por ejemlo, que el FPÖ de Haider llegó a ser decisivo para gobernar en Austria, y que el 'augusto' padre de Madame Le Pen lograría disputarle a Chirac la segunda vuelta de las presidenciales francesas. 

En efecto, como bien resalta Ramón Pérez Maura, los partidos populistas antisistema, pese a la radicalidad de sus discursos (o quizá precisamente por eso), son capaces de captar votos entre electorados proclives a ideologías distintas y hasta opuestas (así por ejemplo, buen número de adhesiones al mismo Frente Nacional proceden de exvotantes comunistas), pero que tienen en común el descontento, la animadversión y el hartazgo con un sistema político y económico al que se culpa de todos los males. De tal forma que escasas diferencias encontramos entre un Pablo Iglesias II y una Marine Le Pen cuando se refieren, no solo a los políticos 'tradicionales', sino a la globalización, al capitalismo, al liberalismo, al euro y a la Unión Europea en general, a los que siempre dedican sendas críticas feroces y señalan como los grandes enemigos a batir.

¿Y por qué muchos de los que, con toda la razón del mundo, manifiestan su inquietud y rechazo ante el ascenso de Le Pen presentan en cambio a Podemos como un fenómeno positivo y hasta saludable para la democracia? Ni más ni menos, porque basta con colocarse la etiqueta izquierdista para obtener el perdón por ser 'ultra': no es ya que se suela tener a un totalitarismo como menos malo que el otro, sino que al primero se le sigue concediendo un halo de respetabilidad e incluso compatibilidad con la democracia por la supuesta mayor 'nobleza' de sus ideales. Por mucho que en su nombre se hayan engendrado los peores horrores de la Humanidad.