martes, 16 de diciembre de 2014

CONTRA EL OCCIDENTE QUE TE TOLERA Y ACOGE

El de Man Monis, el criminal que ha mantenido secuestradas a 21 personas en un café de Sidney y provocado (él, no la Policía, que cumplió con su obligación) la muerte de dos de ellas (además de la suya propia), es un ejemplo paradigmático de un islamista que se aprovecha de la tolerancia y hasta generosidad de un país de su odiado Occidente (el satán) para cometer sus desmanes. Una vez que Australia le concedió asilo político, se permitió agradecer el gesto a su nación de acogida enviando cartas ofensivas y amenazadoras a familiares de soldados australianos que perdieron la vida en Afganistán; además, pesaban sobre él más de 40 cargos por abusos sexuales, que no tuvo empacho alguno en presentar como 'denuncias políticas' (al modo Assange), e incluso llegó a ser procesado por ser cómplice de la muerte de su exmujer, asesinato por el que no debía responder aplicando, por supuesto, sus fanáticos y misóginos cánones fundamentalistas. Todo lo cual sin que las autoridades 'aussies' hayan tenido a bien ni encerrarle, ni obligarle a volver a su país de origen.

Hasta que un mal día decidió que ya era hora de acudir a la llamada de Alá, eso sí, llevándose a unos cuantos infieles por delante. Una joyita el clérigo, al que sin embargo no le faltaban seguidores y admiradores: sin ir más lejos, su página de facebook acumulaba antes del cautiverio 14.725 'me gusta'. Y es que una parte nada despreciable de esa misma sociedad occidental que basa su razón de ser en la defensa de la dignidad y la libertad individual y los principios democráticos se encuentra moralmente muy enferma; precisamente por la alarmante pérdida de valores que lleva sufriendo desde hace décadas, lo que, favorecido por el desarrollo de corrientes como el multiculturalismo (que se empeña en colocar en pie de igualdad al Occidente liberal y democrático con respecto a otras 'culturas' liberticidas) y el pacifismo buenista (que basa su defensa de 'la paz' en la rousseaniana concepción del 'hombre bueno por naturaleza'), ha desembocado en un relativismo moral elevado paradógicamente a absoluto.

De ahí que, por ejemplo, muchos occidentales engrosen los 'ejércitos' del Estado Islámico, y que incluso se presten a desempeñar el sanguinario cometido de verdugos de los secuestrados; y que células yihadistas, no solo operen en suelo europeo, sino que cuenten con la participación de nacionales del Viejo Continente. Lo cual para el fundamentalismo islamista no denota más que la decadencia y debilidad de un Occidente al que, ahora más que nunca, cabe derrotar y borrar de la faz de la tierra. Y lo peor es que lo pueden conseguir si no reaccionamos.