miércoles, 5 de noviembre de 2014

OBAMA, EL TÍPICO 'PATO COJO'

No, no parece que la presidencia de Obama, que, según la progresía mediática y política, particularmente la europea, iba a significar un punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos, haya logrado cambiar lo más mínimo la mentalidad e idiosincrasia del norteamericano medio. Bien al contrario: esa América profunda, individualista y que abjura del intervencionismo económico, y que nos aseguraban que la revolución obamita lograría convertir en minoritaria, ha conseguido imponerse en las urnas de una manera tan abrumadora que apenas ha habido precedentes: hasta el punto de que los republicanos han batido su propio récord de asientos en la Cámara de Representantes, fijado nada menos que en 1946. E incluso estados de arraigada tradición 'liberal' como Maryland y Massachusetts han elegido gobernadores republicanos.

Y es que Obama y los demócratas han sufrido un batacazo histórico tanto en las elecciones legislativas (a la totalidad de la Cámara de Representantes y a un tercio del Senado) como en los comicios a gobernador. De tal forma que los republicanos aumentan su mayoría en la Cámara Baja (hasta hacerse con 250 escaños, 16 más de los que tenían) y arrebatan a los demócratas la Cámara Alta (con 54 senadores, tres por encima de la mayoría absoluta). Y en cuanto a las elecciones a gobernador, nada menos que 35 de los 50 estados estarán regidos por un republicano. Con todo, Obama también ha batido una marca, en este caso negativa: ha pasado a ser el presidente que más escaños ha perdido en el poder legislativo desde Eisenhower, que abandonó la Casa Blanca en 1960.

Los votantes norteamericanos han querido que Barack Obama sea en el tramo final de su mandato el típico 'pato cojo', un presidente con escasa capacidad de maniobra: a su imposibilidad legal de presentarse a la reelección dado que es su segunda presidencia, se suma el hecho de que deberá afrontar una mayoría adversa en ambas Cámaras, por lo que deberá negociar cada iniciativa a cara de perro. No es desde luego la primera vez que se presenta semejante panorama en la historia de los Estados Unidos, donde el pragmatismo y el que se considera interés general de los norteamericanos suele finalmente imponerse sobre intereses partidarios; máxime cuando allí el representante político debe rendir cuentas directamente ante el electorado de su distrito, que es el que le elige, y no ante la cúpula de su partido. 'Peculiaridad' democrática de la que deberíamos tomar cumplida nota por estos lares.

Sea como fuere, y a pesar de los pesares, Estados Unidos sigue siendo Estados Unidos.