martes, 30 de septiembre de 2014

TAMBIÉN NOS AFECTA LA YIHAD, Y MUCHO

Las detenciones en Melilla y Nador de miembros de células terroristas vinculadas al Estado Islámico han puesto de manifiesto, no solo la presencia de redes islamistas en suelo patrio, sino la participación en ellas de ciudadanos con pasaporte español: de tal forma que, por ejemplo, el cabecilla de la pequeña red de Melilla, afortunadamente puesto a disposición de la Justicia, ostenta la nacionalidad española. No es hecho baladí que nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado lleven tiempo detectando en España, concretamente en los aledaños de mezquitas y en determinadas barriadas de marcada influencia islamista, como en las de Ceuta y Melilla, labores de captación y reclutamiento de futuros 'yihadistas' para ser enviados principalmente a los predios del Estado Islámico en Siria e Irak; y para lo cual no dudan en utilizar instrumentos tecnológicos típicamente occidentales como las redes sociales de Internet, a través de las cuales contactan con individuos que sientan atracción o simple curiosidad por la 'yihad' para acabar adoctrinándolos y ganándolos para la causa integrista. Tenemos al enemigo aquí mismo, dentro de casa.

Y es que, pese al tradicional aislacionismo en materia de política exterior que caracteriza a la opinión pública española, que se podría resumir en la frase 'no queremos problemas, allá se las arreglen los americanos y los ingleses' (y que tanto se manifestó a propósito de la segunda intervención en Irak), la guerra que continúa librando el terrorismo integrista islámico contra Occidente (no solo contra Estados Unidos), y de la que las acciones criminales y terroristas llevadas a cabo por los crueles esbirros del llamado Estado Islámico no son más que el episodio más actual, también afecta, y muy de lleno, a España. Además de que, como parte del Occidente de raíz cristiana que somos, nos consideran tan 'infieles' como los estadounidenses o los británicos, y como tales ajusticiables, no solo Ceuta y Melilla, sino toda España como 'al-Ándalus' que fue, son territorios recuperables para el Islam. Razón distinta es que no queramos reconocer realidad tan cruda y que, inmersos todavía en el 'síndrome de Irak' (o más bien del 11-M), alberguemos todavía la ilusión de que basta con estarnos quietecitos y no involucrarnos en ningún conflicto internacional contra el islamismo para que nos dejen tranquilos. Quizá lo hicieran si nos rindiéramos y nos allanáramos a su objetivo de acabar aquí también con cualquier vestigio de régimen de democracia y libertades (radicalmente incompatible con la 'yihad', que pasaría a regir nuestros destinos), y así terminar convertidos en un Califato más.

Aun con todos los riesgos, uno sigue prefiriendo la libertad: su defensa nunca ha sido fácil.