miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL 'REPUBLICANISMO' DE 'PODEMOS'

En efecto, 'podemos'; pero para ir a mucho peor si se aplican las recetas de esa ultraizquierda telegénica que, con su populismo fácil y aprovechándose del desconcierto de la izquierda más o menos 'institucional' (y pese al indiscutible 'glamour' del nuevo secretario general del PSOE), continúa subiendo como la espuma según las últimas encuestas. Las crisis económicas, y sobre todo sus épocas de 'digestión' (como la que todavía vivimos), suponen terrenos abonados para el triunfo de la demagogia, y España no es desde luego el único caso: ahí tenemos a Italia y su extrema izquierda 'bufonesca' de las 'Cinco Estrellas', a los extremismos de países del Este de Europa, a Francia y su ultraderecha chauvinista (primera fuerza política en la actualidad), e incluso al Reino Unido y el nacionalismo británico representado por el UKIP (que una más que posible secesión de Escocia, que de producirse situaría la popularidad de Cameron bajo mínimos, no haría sino exacerbar).

Porque es cierto que Pablo 'Tele' Iglesias y sus acólitos defienden la república; pero no desde luego la 'burguesa' al estilo de Francia o Estados Unidos, sino la típicamente bananera: el sistema político intervencionista hasta la asfixia, tanto en el terreno económico como político y social, que ha llevado a la ruina a tantos rincones de Latinoamérica, otrora tierras de promisión. Desde el peronismo en Argentina, el castrismo en Cuba, pasando por el chavismo en Venezuela. Nada que no se haya experimentado ya, y cuyos nefastos resultados son harto conocidos: una 'igualdad' que se alcanza extendiendo la miseria y haciendo a todos igual de pobres y dependientes del Estado, mientras una minoría desde un poder incontestable, una verdadera 'casta', se enriquece generalizando e institucionalizando la corrupción. Y sin que exista tan siquiera el derecho al pataleo, porque el primer objetivo de los populistas cuando alcanzan el poder son los medios de comunicación críticos; después, la oposición política; y, por último, la división de poderes, esto es, el mero estorbo de una justicia mínimamente independiente. 


Sabido es que los proyectos que consisten en bajar el cielo a la tierra, de por sí totalitarios, requieren unanimidad absoluta. Nada nuevo, pues.

Y para muestra, dos botones: el Líder Máximo y su lugarteniente-intelectual orgánico, en sus salsas. Sin tapujos, hélos aquí.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Como siempre, una argumentación muy elaborada y un estilo pulcrísimo, don Pedro. ;) Por mi parte, creo que nadie debe llamarse a engaño sobre Podemos. Quien quiera votarles, que están en su derecho, no pueden alegar desconocimiento de todo lo que implica este partido partidario de dictaduras como la de Venezuela y receptor de fondos como Irán. Allá cada cual con su conciencia. Una cosa es estar harto del bipartidismo y de la corrupción de los dos grandes partidos, y otra muy distinta es volcarse hacia una república bananera como la Venezuela. En el fondo, creo a veces que sería bueno que Podemos ganara las elecciones para que sus votantes sufrieran en sus carnes las medidas tan anti-democráticas, desfasadas y contraproducentes que llevarían a cabo, pues así reflexionarían sobre el gran error que cometieron votándoles. El problema es que luego sería muy difícil volver de una dictadura a una verdadera democracia... El único consuelo que me queda es que estamos en Europa, y que al Viejo Continente no le interesa una Venezuela bis.

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias por su comentario, señora anónima. ;) De acuerdo con usted casi al cien por cien.