jueves, 18 de septiembre de 2014

EL DERECHO DE LOS CATALANES A VOTAR

En diez elecciones para votar a los diputados al Parlamento de Cataluña (1980, 1984, 1988, 1992, 1995, 1999, 2003, 2006, 2010 y 2012); en once comicios para elegir a los diputados y senadores que se presentan a Cortes Generales por las circunscripciones catalanas (1977, 1979, 1982, 1986, 1989, 1993, 1996, 2000, 2004, 2008 y 2011); en nueve elecciones municipales para votar listas de concejales a los ayuntamientos catalanes (1979, 1983, 1987, 1991, 1995, 1999, 2003, 2007 y 2011); en siete comicios al Parlamento Europeo, en virtud de la pertenencia de Cataluña a España, Estado-miembro de la Unión Europea (1987, 1989, 1994, 1999, 2004, 2009 y 2014); e incluso en cinco referéndums, tres de ámbito nacional (1978, de ratificación de la Constitución Española; 1986, sobre la permanencia de España en la OTAN; 2005, sobre la Constitución Europea) y dos de carácter autonómico (1979, de aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña, y 2005, sobre la reforma del Estatuto de Cataluña).

42. Nada menos que en 42 ocasiones han acudido los catalanes a las urnas desde 1977, esto es, en solo 37 años de democracia. No está nada mal, sobre todo si tenemos en cuenta que muchos de los partidarios de la celebración del referéndum secesionista planteado por Mas (los últimos, los futbolistas Piqué y Xavi y los baloncestistas Marc y Pau Gasol, que han sido campeones del mundo en sus respectivos deportes vistiendo la camiseta de la Selección... de España; incluso el gran Pau, al que hasta ahora no se le conocían veleidades nacionalistas, llegó a ser abanderado español en los últimos Juegos Olímpicos) basan su defensa en el ya gastado (y fácil) argumento de que 'la gente (refiriéndose obviamente a los catalanes) debe tener derecho a votar' (o 'a decidir', o 'a expresarse', exactamente en el mismo sentido). Vamos, como si a los catalanes se les tuviera vedado el ejercicio de derecho tan básico en democracia; bien al contrario, en Cataluña han disfrutado de más oportunidades de manifestarse con el voto que en la media del conjunto de España.

Ahora bien, no es concebible una democracia sin Estado de Derecho, sin ley, sin unas reglas de juego establecidas y acordadas previamente. Y en virtud de una Constitución que nos dimos los españoles, incluido un 90 por ciento de los catalanes que, ciertamente, ejercieron su derecho al voto en el referéndum de su ratificación, la soberanía nacional reside en el pueblo español. De tal forma que a éste en su conjunto, y no a una parte de él, le compete decidir sobre nuestra vida en común, sobre esa 'indisoluble unidad de la Nación española' en la que se fundamenta la Carta Magna. Además, no resulta admisible, al menos en ninguna democracia que se precie, ninguna convocatoria de consulta, votación o referéndum que incumpla los requisitos constitucionales y legales en vigor, puesto que la seguridad jurídica y la estabilidad institucional también han de prevalecer en el momento de depositar el voto; derecho que, como cualquier otro, no es absoluto.

Por desgracia, semejantes razones basadas en la defensa de la unidad de la soberanía, la estabilidad política y la legalidad resultan estériles frente a la típica visceralidad del irracional sentimentalismo nacionalista; del que, para más inri, determinadas celebridades catalanas del deporte que, empero, tanto le deben a España se limitan a hacerse eco. Quizá precisamente para no desviarse del pensamiento obligatorio imperante y, de paso, no quedar mal ante el 'establishment' político catalán.