sábado, 7 de junio de 2014

¿MONARQUÍA, REPÚBLICA? SOBRE TODO, ESTADO DE DERECHO

El sistema constitucional de Monarquía Parlamentaria vigente en España, por ejemplo, garantiza y protege el derecho de los republicanos de ultraizquierda de salir a las calles con banderas, por cierto, inconstitucionales (tanto como lo puedan ser las franquistas), y para pedir el final del mismo régimen político que ampara el ejercicio de sus libertades; calidad democrática de la que, asimismo, carecía esa Segunda República cuya restauración demandan, ya que, en aplicación de una malhadada y liberticida Ley de Defensa de la República, prohibía la exhibición de cualquier símbolo monárquico, y por supuesto cualquier manifestación pública en favor de la Monarquía. Es oportuno resaltarlo tras la tramposa y burda identificación que hizo, en su caso, Cayo Lara de 'república' con 'democracia', con la mera intención de dar a entender que el actual régimen constitucional no lo es. Bien, a las pruebas cabe remitirse.

Sea como fuere, no resulta presentable plantear nada menos que un referéndum al albur de que un grupo más o menos nutrido de gentes antisistema, que desde luego no representan a la mayoría de los españoles por mucho que pretendan hacernos ver lo contrario, tomen la calle para pedir que nos saltemos a la torera la Constitución y las leyes. Nuestra misma Carta Magna establece unos procedimientos para su reforma, que incluyen la posibilidad de cambiar la forma de Estado, y a ellos hay que atenerse como Estado de Derecho que somos; lo que, en cualquier caso, requeriría consensos muy amplios, y que, por ejemplo, aquellos que abogan por un sistema republicano se impusieran democráticamente: es decir, no adueñándose de la vía pública al estilo populista-golpista, sino ganando en las urnas, como corresponde a un régimen democrático representantivo. Por lo demás, monarquías parlamentarias tan 'anacrónicas' como la británica, la holandesa, la danesa, la noruega, la sueca o la belga son democracias consolidadas y prestigiosas, y a un nivel superior al de muchas repúblicas en cuanto a reconocimiento de derechos y libertades; y, en estos casos, el cometido de la jefatura del Estado, simbólico y representativo de la unidad y permanencia de las naciones por encima de divisiones políticas, no procede de las monarquías en sí y de su sistema hereditario, sino de las constituciones (en el caso de la británica, no escrita) emanadas de las soberanías nacionales, que residen en los pueblos, y que en su momento decidieron la forma de Estado monárquica.

De tal forma que el sistema de Monarquía Parlamentaria se asienta en una Constitución que nos dimos los españoles como depositarios de la soberanía nacional; de 'impuesta', como da a entender el rupturismo, nada. Además, cabe recordar que esa Segunda República 'tricolor', cuya vuelta exige ahora la izquierda más o menos radical, vino tras unas elecciones municipales (no generales) que para más inri habían ganado los partidos monárquicos (si bien los republicanos se impusieron en las principales capitales de provincia), y como consecuencia de unos hechos consumados que tuvieron lugar después de la huida de Alfonso XIII vía puerto de Cartagena; así pues, ¿cuál de los dos sistemas se podría considerar 'impuesto' y sin tener realmente en cuenta la voluntad de los españoles manifestada en las urnas? Encima, contra el referido régimen republicano actuaron y conspiraron los mismos que contribuyeron a su implantación una vez perdieron unas elecciones (éstas sí, generales) y tuvieron que dejar paso en el Ejecutivo a unas derechas a las que negaban cualquier legitimidad para gobernar; de ahí las revoluciones (golpistas) de 1934 en Asturias y Cataluña contra un Gobierno de centro-derecha (radical-cedista) que, paradójicamente, y pese a su carácter no republicano en esencia, tuvo que encargarse de defender la legalidad republicana. Y de aquellos polvos, vinieron posteriores y trágicos lodos. 

Porque cabe recordar que en aquella ocasión, con motivo de la proclamación de la Segunda República, no fueron los españoles en las urnas quienes decidieron el rumbo a seguir tras la marcha del Rey: quienes tomaron el poder en esos momentos basándose, insisto, en hechos consumados, no les dejaron votar, al menos para decidir la forma de Estado. Se limitaron a interpretar 'a su manera' los resultados de unas elecciones que se celebraron solo para elegir concejales y que, además, en realidad perdieron los republicanos. Vamos, que le negaron a los españoles eso mismo que ahora exigen quienes los presentan como ejemplo histórico a seguir.

Y no se trata de tener miedo al resultado de ningún referéndum, sino simple y llanamente de atenerse a la Constitución y las leyes; porque no puede entenderse una democracia sin Estado de Derecho, puesto que correríamos el riesgo de sustituir el imperio de la ley por el reino de la arbitrariedad. Si empezamos haciendo una 'excepción' que se situaría fuera de las leyes y hasta de la voluntad popular expresada en las urnas, con el paso del tiempo se convertirían irremisiblemente en regla sucesivas 'excepciones' que se pidieran. Hasta que consiguiéramos acabar con la legalidad y el Estado de Derecho.