viernes, 21 de marzo de 2014

LA CONTRIBUCIÓN DE LOCKE AL PENSAMIENTO LIBERAL

En las tesis políticas de John Locke encontramos en realidad el origen del pensamiento liberal clásico, o al menos de un 'preliberalismo'. Así por ejemplo, resulta clara y significativa la influencia lockeana en uno de los hitos históricos del liberalismo, la Declaración de Independencia norteamericana, que proclamaba como derechos inalienables del individuo 'la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad'; precisamente Locke asignaba al Estado, surgido por el consentimiento de los gobernados, los cometidos básicos de la protección de los derechos naturales y prepolíticos a la vida, la libertad y la propiedad, y en esa función justificaba su existencia.

Locke, que respaldó la Revolución Gloriosa de 1688, intervino al principio en la controversia acerca de la libertad religiosa que surgió en Inglaterra a partir de la disidencia de la Iglesia anglicana, y aseveró que en el ejercicio de esa libertad no debía haber más límites que las libertades individuales de otros y los posibles perjuicios a la comunidad en general. Pero con sus 'Dos tratados sobre el Gobierno civil' (1689) construyó una teoría más acabada sobre lo que debía ser un Estado y sociedad liberales.

En realidad, también supuso una contundente réplica a Thomas Hobbes y su 'Leviatán' (1651), y más concretamene a su tesis política de que la cesión de poder a los gobernados ha de realizarse a un Estado de carácter absolutista y poder ilimitado: era como si los ciudadanos quisieran protegerse de las mofetas y los zorros confiando en que un león no fuera a atacarles, fue la metáfora utilizada por Locke. En lo que sí coincidieron Hobbes y Locke fue en el 'constructo artificial' (tal y como lo definieron y denunciaron posteriormente liberal-conservadores como Michael Oakeshott, siempre reacios a reconocer unos derechos naturales o una condición 'prepolítica' del hombre) del 'estado de naturaleza' originario para explicar el posterior 'contrato social' por el que se erige un Gobierno 'por consentimiento'.

Quizá la diferencia en las conclusiones acerca del carácter del Estado resultante (absolutista en Hobbes, liberal-representativo en Locke) se deba fundamentalmente a cómo contemplaban uno y otro el 'estado de naturaleza': para Hobbes, una 'guerra de todos contra todos', que propiciaba para el hombre una vida 'solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve'; para Locke sin embargo, el hombre en tal estado sí era consciente de la existencia de esos derechos naturales consistentes en respetar la vida, la libertad y la propiedad de la tierra y de los consiguientes límites morales, si bien las dificultades procederían de, además de que obviamente no todos respetarían esos derechos en los demás, las controversias particulares surgidas de distintas interpretaciones sobre su ejercicio y, de la misma forma, de la ausencia de protección ante agresiones externas. De ahí que se hiciera necesario que los gobernados acordaran por consentimiento ceder su poder y autoridad a un Gobierno que protegiera los derechos naturales y ejerciera de árbitro en las disputas entre particulares.

Esa cesión de autoridad, o soberanía, era para Hobbes definitiva; para Locke no lo era en absoluto, ya que debería cumplir su cometido básico (y prácticamente único) de proteger la vida, la libertad y la propiedad de los súbditos. En caso contrario, quienes prestaron su consentimiento tendrían toda la legitimidad para retirárselo y, por tanto, derrocar al Gobierno o poder establecido de distintas formas, incluido el tiranicidio si fuese necesario.

Para hacer efectivo ese papel protector de derechos por parte del Estado lockeano, y evitar en lo posible abusos de poder, Locke también esbozó una propuesta de división de poderes, bajo el principio del riesgo que supone concentrar el poder en unas mismas manos. Así, estableció una separación entre los poderes legislativo y ejecutivo, entre quienes debían hacer las leyes y ejecutarlas; sin embargo, no separó el poder judicial del ejecutivo, tal y como hiciera después Montesquieu en su más elaborada teoría de la división de poderes. En este sentido, el régimen de Gobierno ideal para Locke era la Monarquía constitucional inglesa, que distribuía las funciones entre el poder ejecutivo del Rey y el legislativo del Parlamento (Cámara de los Comunes y Cámara de los Lores), si bien su sistema político también era perfectamente aplicable a un régimen republicano moderado.

Sea como fuere, sería muy exagerado ver en Locke a un demócrata, o un preludio de democracia: él atribuía la condición de ciudadano al varón propietario, y por tanto cabe concluir que no hubiera simpatizado en absoluto con los movimientos favorables a la ampliación del sufragio. En este sentido también influyó en las limitaciones que el liberalismo clásico proponía tanto al ejercicio activo como pasivo del voto.