martes, 11 de marzo de 2014

11-M: TODAVÍA LES DEBEMOS LA VERDAD


Se cumple más de una década de la mayor infamia de nuestra democracia: el 11-M. Los 191 muertos de tan salvajes atentados terroristas merecen nuestro recuerdo emocionado, además de la solidaridad debida a los 1.500 heridos, a los familiares y a todas las víctimas en general; a las cuales, no obstante, y se diga lo que se diga, todavía les debemos el compromiso de averiguar toda la verdad acerca de la masacre.

Porque, nada menos que más de diez años después, en absoluto podemos afirmar con la rotundidad requerida en estos casos que se ha resarcido, no económicamente, sino moralmente, que es mucho más importante, a las víctimas del 11-M. Por desgracia, lo único que tenemos es exactamente lo mismo que cuando se conmemoró el quinto aniversario de los atentados: una sentencia que solo tiene la virtud de ser 'políticamente correcta', puesto que no culpa ni a la ETA ni, por cierto, a Al Qaeda (pese a determinadas investigaciones periodísticas que en la actualidad lo dan por hecho); pero con tantísimas carencias que seguimos sin saber nada acerca de dónde partió la orden de cometer la masacre (es decir, quién es el necesario 'autor intelectual'), ni a ciencia cierta cuál ha sido el explosivo utilizado.

El paso del tiempo tampoco ha convertido en verosímil que la 'mano de obra' de atentados de tal magnitud lo conformaran exclusivamente dos confidentes de la policía, moros aunque de islamistas tenían bien poco, y un minero asturiano esquizofrénico. Además, no han llegado a obtener respuesta las muchas interrogantes que pusieron en entredicho la actuación de la Policía en sus pesquisas e investigaciones. Demasiados cabos sueltos como para atreverse a declarar como 'verdad judicial' la sentencia del controvertido juez Gómez Bermúdez; porque el hecho de que haya que acatarla no implica que debamos comulgar con ruedas de molino.

En suma, no se trata de adherirse a ninguna teoría conspiranoica, sino simple y llanamente de buscar la verdad y que se haga realmente justicia. Es el mejor homenaje que hoy les podemos rendir a quienes les arrebataron sus vidas en aquel fatídico día.