jueves, 13 de marzo de 2014

13-M: DIEZ AÑOS DE IGNOMINIA

Y sobre la infamia, la ignominia. Se cumplen diez años también del más furibundo ataque a las reglas de juego democráticas desde el 23-F: la violación por parte de la izquierda mediática y política de una jornada de reflexión previa a unas elecciones generales. Era el 13-M. Al 'agit-prop' promovido desde las terminales mediáticas de la progresía, con el que alcanzó su éxtasis la divulgación del grandioso embuste de los terroristas suicidas y sus calzoncillos, le pondría la guinda el mismísimo Rubalcaba proclamando que los españoles se merecían un Gobierno que no les mintiera; lo que viniendo de un mentiroso compulsivo, del portavoz del Gobierno del GAL y del responsable político del Faisán, no dejaba de sonar a broma macabra.  
Aunque cabe reconocer que, por desgracia, la estrategia, escenificada en 'espontáneos' cercos a sedes del PP, se saldó con un éxito indiscutible puesto que logró lo que pretendía: que una mayoría de españoles volcara su indignación, no hacia los terroristas fuesen quienes fuesen, sino hacia el Gobierno que precisamente más se había significado en la lucha contra el terrorismo. La culpa no la tenían quienes habían puesto las bombas en los trenes, sino un Ejecutivo que nos había colocado en la diana del terrorismo islamista por apoyar la guerra de Irak. Así se lo había expresado el propio Rubalcaba a los suyos cuando comenzaron a aparecer, sospechosamente y a cuentagotas, pistas que parecían apuntar a una autoría islamista: 'hemos ganado las elecciones'. En efecto, se había generado el clima político y mediático adecuado para que millones de electores españoles se vieran embargados por una especie de gigantesco síndrome de Estocolmo e hicieran realidad el mismísimo objetivo de los autores de la masacre: votar para botar al PP del poder. Y no fue en balde, porque el giro que daría el nuevo Gobierno de Zapatero tanto en política exterior como antiterrorista sería verdaderamente copernicano.

No es de extrañar, por tanto, que cierto tertuliano de la progresía, no solo mencione y recuerde aquellos actos contrarios a la legalidad vigente, sino que incluso alardee y se declare orgulloso de llevarlos a cabo. Contra la derecha vale todo, ya se sabe, y cuando está en el poder ninguna ley ni norma ha de ser impedimento alguno para echarla 'como sea'. Con lo cual una canallada, un atropello, llega a convertirse en heroicidad. E incluso motivo para sacar 'buenos recuerdos' de unas jornadas trágicas y teñidas de sangre.

4 comentarios:

La Pecera dijo...

Excelente

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias, Juan Antonio. Me alegra que te haya gustado. :)

Anónimo dijo...

Muy agudo el artículo, Pedro (sobre todo en relación al "síndrome de Estocolmo" de una buena parte de los votantes, aunque, como sabes, mucha gente piensa también que el gobierno de aquel entonces no supo gestionar adecuadamente la información del atentado). Y sumamente descorazonador al mismo tiempo... Es una pena que, tantos años después, parezca que siga vigente el "Me duele España" de don Miguel de Unamuno...
(Rachel)

Pedro Moya dijo...

Muchas gracias por tu comentario, querida Rachel. Y muy oportuna tu referencia al patriotismo desgarrado de don Miguel de Unamuno. ;)