lunes, 17 de febrero de 2014

¿UNA 'GROSSE KOALITION' A LA ESPAÑOLA?

Hay quien vaticina una 'Grosse Koalition' a la española, algo inédito en nuestra historia, como salida más factible a la considerable fragmentación parlamentaria que señalan las encuestas, como la del diario 'ABC'. Sin embargo, se debe tener en cuenta, en primer lugar, que restan todavía dos años de legislatura, toda una eternidad en política; durante los cuales el partido del Gobierno, que pese a todo su desgaste continúa liderando con cierta claridad las preferencias de voto de los españoles, puede verse beneficiado si la recuperación económica empieza a notarse en el bolsillo del ciudadano medio y acaba con ello logrando finalmente un crecimiento suficiente de escaños que no haga necesario un pacto a varias bandas y de naturaleza estrambótica (como sería un acuerdo con UPyD y nacionalistas, por ejemplo). De todas formas, cabe recordar que la legislatura de 1996-2000, en la que el partido gobernante, entonces el PP de Aznar, contó con menos diputados (solo 156), acabó siendo la más fructífera, duradera y estable de la democracia; si bien aquellos pactos que propiciaron la gobernabilidad (con CiU, PNV y CC), y que serían impensables (e indeseables) hoy en día dado el mayor radicalismo del nacionalismo, se caracterizaron, gustaran o no, por su absoluta transparencia y vocación de permanencia.

En Alemania llegan a acuerdos de Gobierno los dos grandes partidos nacionales, la CDU (democristianos) y el SPD (socialdemócratas), en alguna de estas dos coyunturas: bien en situaciones que se considera de emergencia nacional, bien cuando el partido que ejerce de 'bisagra' (los liberales del FPD, o los Verdes) no logra los escaños suficientes como para asegurar la gobernabilidad, como ha ocurrido tras los últimos comicios pese a que Angela Merkel se quedara a un paso de la mayoría absoluta. Pues bien, en España UPyD puede desempeñar el papel que para sí quiso el CDS de Suárez, el de los liberales alemanes, y en este sentido cabría felicitarse de que la estabilidad política dependiera por fin de un partido de vocación nacional, y no de los nacionalistas como ha sido común hasta ahora. Y si ello no fuera posible, una política de Estado con mayúsculas y que tuviera como norte el interés general de España debería llevar a una gran coalición, o al menos a un acuerdo de mínimos, entre el PP y el PSOE, con el fin de consolidar la recuperación económica y hacer frente común al separatismo. Aunque ese posible escenario se antoja francamente difícil, dado que la actual política de oposición del PSOE consiste fundamentalmente en rechazar todas y cada una de las reformas y medidas económicas tomadas por el PP y prometer su derogación nada más alcanzar el poder.

Y es que sobre el 'no a todo', que sería también la premisa de un posible pacto, en este caso 'a la balear', de 'todos contra el PP' (la verdadera aspiración de Rubalcaba), resulta imposible construir cualquier Gobierno con una mínima orientación política e ideológica. Por tanto, la apelación al voto útil en torno a un centro-derecha nacional, articulado, fuerte y sólido se haría más necesaria que nunca.