jueves, 20 de febrero de 2014

EL MUNDO IDEAL DEL 'NOALAGUERRA'

Los convulsos acontecimientos que se están desarrollando en Siria, Venezuela y Ucrania se deben a diferentes y particulares causas no siempre comparables, pero coinciden en dos aspectos fundamentales: en sendos casos, los regímenes establecidos, en mayor o menor grado dictatoriales, están empleándose sin contemplaciones, a sangre y fuego, contra la oposición política; y además, vienen produciéndose ante la escandalosa inacción de una comunidad internacional, la de las potencias democráticas, que debería velar por la defensa de los principios de la libertad y la democracia, o al menos el respeto a los derechos humanos. Es sin duda consecuencia del definitivo triunfo en Occidente del buenismo pacifista del 'noalaguerra' que comenzara a gestarse en las reacciones contrarias a la segunda intervención militar de los Estados Unidos en Irak contra el régimen de Sadam Hussein; y, sobre todo, tras el trauma de la deficiente gestión estratégica y política de la posguerra, convenientemente magnificada en su momento por la agitación y propaganda de la progresía antiyanqui.

Se trata de una contundente derrota de las denostadas tesis 'neocon' que guiaron la ejecutoria internacional de George W. Bush, que abogaban por favorecer la extensión de la democracia liberal en el mundo, incluido Oriente Medio, como estrategia básica en la guerra contra el terrorismo islamista que se iniciara el 11-S, y a su vez frente a los enemigos de la libertad en general. Lo cual ha acabado construyendo el mejor de los mundos posibles para los tiranos de turno: so capa de supuestamente respetar las soberanías nacionales, y sobre todo ante el mínimo riesgo de empeorar todavía más el estado de cosas existente, nadie tiene derecho a entrometerse en los 'asuntos internos' de otros países. Tal es el principio que se ha elevado a absoluto en el panorama internacional, paradójicamente como en los tiempos de la muy conservadora 'realpolitik', que se caracterizaba por su pragmatismo a ultranza y su desprecio de cualquier principio ético y moral en las relaciones exteriores.

De tal forma que ahora son absolutamente inconcebibles, no ya posibilidades de intervención militar, que por supuesto que no, sino ni tan siquiera amenazas basadas en sanciones de tipo económico y/o diplomático a los regímenes liberticidas. Porque de la misma forma que, en virtud del retorno a la amoral 'realpolitik', no se nos perdía nada en Irak, nada se nos pierde ahora ni en Siria, ni en Ucrania, ni en Venezuela. Por tanto, ya pueden las dictaduras masacrar a placer cualquier contestación interna y atropellar con ello los derechos individuales más básicos, que nadie les va a tocar un pelo en nombre de la paz mundial; y qué mejor que la de los cementerios.

Enhorabuena, pues, al buenismo pacifista: este es el mundo ideal, feliz y de hombres buenos y benéficos que ha logrado propiciar. Con la aquiescencia, eso sí, de Gobiernos de todos los colores.